Bienvenidos a este pequeño rincón de imaginación, (un poquito de) locura y magia. ¿Que quién soy yo? Pues soy una enamorada de la vida y de los libros con mil sueños y delirios de escritora. ¿Qué vais a encontrar aquí? Pues todo lo que te puedes encontrar, precisamente, entre las páginas de un libro: fotos, anotaciones, recuerdos, notas, reflexiones, un poco de poesía, humor y alguna sátira, historias,… y un poco magia.

Ahora sí, disfrutad de vuestro viaje por este mundo Entre las páginas de un libro.

lunes, 23 de julio de 2012

Cazadora II: Un nuevo comienzo

Shyana recogió sus escasa pertenencias y las depositó sobre una especie de mochila de piel que había confeccionada aquella misma tarde. Durante la noche mientras todos dormían, la joven se levantó de su camastro y se dirigió a las cabañas donde se guardaba todo el material. Pensó en coger una lanza, o un arco, pero pensó que robar aquello carecía de sentido, no podría esconderlo de no ninguna manera y sin duda se lo quitarían nada más verla. En su lugar cogió un cuchillo  piedras de yesca para hacer un fuego, cuerdas para colocar trampas y una aguja para poder confeccionarse algo de ropa de abrigo, aparte de su abrigo de piel, con lo que consiguiese cazar.

Cuando por fin salió el alba la aldea entera estaba despierta para despedir a Shyana.La joven avanzó entre la pasillo que los que un día fueron sus amigo formaban. El chamán de la tribu la detuvo un momento y en uno de los colgantes que llevaba, en aquel perteneciente a su tribu, colgó un nuevo amuleto, que representaba la culpa y la responsabilidad de los fallos cometidos. Llevaba su saco-mochila colgada en el hombro y avanzaba con fingida determinación. Temía lo que fuera a encontrarse ahí afuera, le daba miedo encontrarse sola, perderse, ser atacada por algún animal sin saber cómo defenderse, no encontrar comida también la preocupaba profundamente. Sin embargo también sentía rabia, dolor y un poco de odio hacia su tribu, no había pena ni consuelo en los ojos de ninguno de los presentes todos la miraban con indiferencia o como si fuera una desgracia que por fin desaparecía de sus vidas.
Shyana apretó los dientes e intentó no llorar. No les daría esa satisfacción. Buscó con la mirada a su amigo Rhis, pero no le encontró. No supo cómo tomarse eso.
Salió de la aldea y se internó en las lindes del bosque, intentando mantener la cabeza alta.
Entonces de entre los arbustos apareció Rhis, llevando su arco con él.
-¿Pensabas irte sin despedirte antes?- Shyana sintió como los ojos se le llenaban de lágrimas. Entonces Rhis avanzó hacia ella y la estrechó entre sus brazos. La chica lloró al fin. Ere el primer gesto de afecto que recibía desde "el incidente". Nadie se había parado a pensar cómo estaría ella. Nadie se había preguntado cómo los estaría pasando. La habían criticado y declarado culpable del destrozo causado por los lobos y nadie había mostrado la más mínima compasión.
-Lo siento- murmuró ella.
-A mí no me tienes que pedir perdón, tú no tienes la culpa de nada.
-Tengo miedo.-confesó ella.
-Lo sé, por eso te he traído algo,-se llevó la mano a la cabeza y acogió una de las plumas que llevaba prendida al pelo.-Toma, es una pluma de águila, mi espíritu. El águila es el guía, te ayudará a encontrar el camino correcto.-Shyana se sintió reacia a aceptarla, una pluma de águila era una de las posesiones más preciadas que podía tener un shele, aún así aceptó el regalo.
-También, como aún desconoces tu animal, te doy esto, dijo sacando de entre sus ropas un colmillo lleno de diversa runas, que pendía de una cuerda.-Es de un lobo,-explicó,-te traerá suerte. Tal vez te ayude a descubrir tu espíritu.
Acto seguido se lo puso a la muchacha.
-Y por último, te regalo mi arco, lo necesitarás si quieres comer.
-Pero, yo no sé utilizar el arco.
-Aprenderás, ya lo verás. y en cuanto a las flechas, no tienes que preocuparte, sabes como hacer más.
Con una sonrisa llena de agradecimiento  Shyana cogió el arco y el carcaj que el joven le tendía.
-Voy a echarte de menos,-aseguró ella volviéndolo a abrazar.
-Todo irá bien.
Y tras algunas palabras más de despedida, la joven emprendió su camino hacia su nueva vida. Un camino que desconocía y que le depararía infinitos peligros. Pero le daba igual, sabía que ya nada podía ir a peor, ya no tenía nada que perder. Se paró y miró por última vez el lugar en cual había vivido hasta la fecha. Una lágrimas corrió por su mejilla. Cerró los ojos con fuerza, tragó saliva y respiró hondo. Cuando abrió los ojos fijó la vista más allá de las cumbres nevadas que rodaban el valle y reanudó su marcha, dispuesta a enfrentarse a su destino, a encontrar su propio camino.

... continuará.