Bienvenidos a este pequeño rincón de imaginación, magia y una pizca de locura. ¿Que quién soy yo? Pues soy una enamorada de la vida y de la lectura con mil sueños y delirios de escritora. ¿Qué vais a encontrar aquí? Pues todo lo que te puedes encontrar, precisamente, entre las páginas de un libro: historias, fotos, dibujos, recuerdos, notas, reflexiones, un poco de poesía, humor y alguna sátira… y, escondida entre las letras, un poco magia.

Así que no os quedéis en la portada, pasad y disfrutad de vuestro viaje por este mundo Entre las páginas de un libro.


jueves, 19 de diciembre de 2013

Dulce locura

Estoy tumbada en la cama, mirando el techo como si en él estuviesen las respuestas a todas mis preguntas. Todo a mi alrededor está hecho un desorden. La cama desecha, el escritorio llenos de papeles con múltiples garabatos, en el suelo mis calcetines y mis zapatos,... pero no sé por qué, me parece que todo está en su lugar, en perfecta armonía. Me levanto y mis pies tocan el frío suelo, pero no siento nada. Me dirijo hacia la ventana y miro soñadora el exterior. Fuera llueve mientras el viento juguetea con las hojas de los árboles. Sin embargo sería capaz de salir a dar un paseo en este mismo instante, sería capaz de abrir la ventana y salir volando de mi habitación hasta...

Suspiro con una sonrisa y el cristal se empaña convirtiendo las calles en un brumoso lugar más bello y suave que antes. Mis pies están congelados pero no tengo frío, es más, casi podría decir que tengo calor. Doy vueltas por mi habitación, bailando de aquí para allá. De pronto mi minúscula habitación se ha convertido en una inmensa estancia en la que cabría todo y más. Me detengo frente al espejo y observo embelesada mi reflejo. Mi pelo, lleno de enredones cae por mi hombros sin ningún orden. Sin embargo yo veo una preciosa y lustrada melena que resbala delicademante hasta por encima del codo. Bajos mis ojos se extiende una tenue sombra violeta que yo no veo. Mis mejillas encendidas contrastan con mi blanca piel salpicada de pecas avellana, que ahora me parecen preciosas en vez de feas manchitas. No veo ninguna imperfección en mi rostro, a pesar de haber encontrado miles tiempo atrás.
Entonces mis ojos se detienen ante mis manos, sobre las cuales aún siento el cosquilleo de las últimas caricias. Luego me fijo en mis labios, que aún guardan el calor del último beso que recibieron. Sonrío, y mi reflejo me imita al instante, lo cual me hace lanzar una breve carcajada. Cierro los ojos y me abrazo a mi misma sonriendo llena de felicidad.

Mi hermano, que paso por delante de mi habitación pone los ojos en blanco al verme.
-Estás loca.- Declara. Yo me limito a abrir los ojos y a mirarle. De pronto todas nuestras broncas y enfados desaparecen, y lo único que veo frente a mi es a una persona a la que quiero. Le sonrío a pesar de su burla y susurro:
-Si amar es perder la razón... ¡dulce locura a la que me entrego!
Y sin esperar respuesta doy media vuelta moviendo los brazos como una bailarina, y me pierdo en la infinidad de mi habitación y pensamientos.







domingo, 13 de octubre de 2013

Quisiera por una vez...

Quisiera por una vez salir corriendo,
sin importar si está lloviendo.
Quisiera gritarle al mundo entero
que aquello que yo quiero
es un comienzo nuevo.

Quisiera  gritarle al viento
cada uno de los momentos,
en los que la vida pasa
y  nunca nadie se cansa
de repetir en todo el tiempo,
los errores que ya cometieron.

Quiero un comienzo nuevo.
No solo para mí
sino para el mundo entero.
Para enmendar los errores,
aquellos que causan dolores.

Por una vez quisiera
hablar y ser oída.
Que aquellos que gritan,
oigan la voz dormida
Lleva un mensaje
y nadie quiere oírla.

No podemos esperar más
la primavera tardía.
¡Despiertad!
que la tela que rompimos,
debe ser cosida.


martes, 23 de julio de 2013

Y si...


Y mientras lee, escucha .


Querido Romeo:

Tras tu partida todo se veía más gris. Nos sabes cuanto te echaba de menos. El sol apenas brillaba, el canto de los pájaros era melancólico y triste. Me encerré en mi mundo del que pocas veces salía, y me limité a esperarte. Esperé tu regreso durante doce meses. Doce interminables meses en los que permanecía mirando al horizonte, ya hiciese sol o lloviese, esperando ver tu silueta acercarse.
Cuando me cansé de esperar y por fin comprendí que ya no volverías a por mi, la tristeza y el dolor me invadieron, después la ira y el enfado se apoderaron de mí, más tarde llegó la resignación y por último, las ganas de recuperar el tiempo perdido.

miércoles, 19 de junio de 2013

Cazadora IV: El viaje

El viento soplaba con fuerza, arañando la piel, jugando con los mechones de su cabello que estaban fuera de su capucha. El gélido aire se colaba entre sus ropajes haciéndola estremecer de frío.
Antes de partir Shyana se había asegurado de tener todo lo necesario para el viaje. Había cazado dos ciervos y a un despistado reno. Había secado su carne, (para que no se estropease durante el viaje), con su vísceras había creado recipientes con los que poder transportar líquidos, con sus abrigadas pieles se había confeccionado un par de botas, ropa de abrigo, una tela que utilizaba para dormir a modo de tienda y una macuto donde lo guardarlo todo. A sabiendas del la nieve que caería, había impermeabilizado la mitad de sus prendas con la grasa de su presas. Pero al parecer todo eso no había sido suficiente.

El viento chocaba ente las paredes de las montañas que había alrededor, entre los finos árboles de alrededor, y la azotaba sin piedad sus sonrosadas mejillas por el frío, mordía sus entumecidos dedos, haciendo menguar sus últimas fuerzas. Cayó de rodillas sobre la nieve. se abrazó a sí misma temblando. Sus lágrimas cálidas lágrimas dejaban un húmedo surco en sus mejillas que no tardaban en helarse, intentó levantarse, ponerse en pie, pero sus piernas se negaban a responder y su voluntad era cada vez más débil. Sabía que si quedaba así mucho tiempo moriría de frío pero estaba tan cansada, que la idea de poder descansar resultaba dolorosamente tentadora. Llevaba casi dos semanas andando, ya no le quedaba apenas comida, había perdido completamente el rastro de su lobo. Ha perdido toda su esperanza,si no de poder regresar algún día a su precioso y cálido valle. Haberse internado en las frías montañas en pleno invierno había sido un tremendo error, había subestimado el poder de la nieve y el frío y ahora estaba pagando por su equivocación.

Alzó de nuevo su cabeza, tal vez para echar un última mirada al mundo que seguramente ya dejaba atrás, entonces lo vio. Recortado en la ventisca, de frente y mirándola fijamente con sus ojos ambarinos. Shyanna parpadeó sorprendida, temiendo que lo que estaba viendo fuese tan solo una ilusión nacida de su desesperación. Pero el lobo permanecía allí, real, observándola. Giró la cabeza buscando algo que sólo él podía ver. De nuevo centró su mirada en la joven, y tras unos segundos alzo la cabeza y profirió un corto aullido. Una vez terminó, echo a correr en dirección contraria a la joven, "invitándola" a seguirlo. Fuera como fuere no importaba, se levantó a toda prisa y en apenas unos segundos corría tras el lobo con renovadas fuerzas y esperanzas, así como con renovada rabia.
Shyanna corrió tras el animal todo lo rápido que pudo, pero el lobo contaba con innumerables generaciones de perfeccionamiento, que lo habían adaptado al medio perfectamente, permitiéndole moverse por aquellos parajes tan hostiles con gran agilidad. Y pronto la dejó atrás. La joven se paró en seco y miró a su alrededor. Solo veía nieve y viento, pero su percepción de cazadora no se basaba simplemente en la vista, su condición depredadora la había ensañado a dejar guiarse por su oído, olfato y tacto. Shyanna había aprendido a leer el medio en el que se encontrase, fuese cual fuese.  Se agachó y contempló con interés la  huellas que el lobo había dejado en su huida. Con tan solo ver su profundidad y la distancia entre unas y otras, Shyanna era capaz de deducir más que cualquier otro experimentado cazador sobre su presa. Sabía hacia donde se dirigía el lobo, y la velocidad que llevaba, y esta vez no lo iba  a perderle. Sin embargo su equipaje le dificultaba mucho moverse y mermaba considerablemente su agilidad. Avanzó despacio mirando a su alrededor, buscando un lugar donde dejar sus pertenencias sin miedo a perderlas. Sabía que deshacerse de ellas en plena tormenta no era una idea muy prudente, sabía que de hacerlo tendría que memorizar rigurosamente el lugar donde las había dejado y recordar todos los detalles del camino que tomara tras esconder sus cosas, pues sería increíblemente fácil perderlas. Al final encontró la entrada de un cueva a los pies de una de las montañas y picos que rodaban aquel lugar. Con cuidado se adentró en ella. Exploró su interior y, no sin sorpresa, descubrió lo grande que era tenía casi tres metros de alto y cinco de ancho. Y se extendía varios metro hacia en centro de la montaña haciéndose cada vez más estrecha. dejó todas sus pertenencias en junto a una pared, (salvo por su arco y carcaj, un cuchillo y un trozo de carne seca, bien para usar de cebo, bien para ella misma), y las disimuló con unas piedras de alrededor. Salió fuera. Esta vez no tenía excesiva prisa. Tenía la sensación de que esta vez el lobo no escaparía. Miró a su alrededor para recordar y reconocer el terreno. Eran como diminutos valles, pequeñas explanadas de nieve, (bajo la cual seguramente hubiese hierba), y algún que otro pino bajo y ocasional. lo más curioso era que estas explanadas se encontraban casi en la misma cumbres de las montañas, rodeadas por las paredes de estas. Pero Shyanna no estaba contemplando tan hermoso lugar, sino creando una copia de él en su mente que la permitiera regresar a él sin problema. Comenzó a moverse con lentitud, fijándose en cada detalle que veía, haciendo hincapié en todo aquello que la permitiera diferenciar la explanada en la había dejado sus cosas de las demás. Tardó tan solo unos segundos en crear un mapa de la zona.
Echó a correr siguiendo las huellas del lobo, haciendo caso omiso a sus agotadas piernas que gritaban un descanso. La joven comprobó que las huellas del animal estaba cada vez menos separabas, y se hundían menos y de forma más igualitaria en la nieve. También vio pequeños surcos entre las huellas de las pata delanteras. Estaba buscando algo, seguramente refugio. De haber tenido hambre la habría matado antes y si estuviese buscando a sus similares abría aullando al viento buscando una respuesta. La cazadora continuó sorteando los árboles que con cada paso que daba con cada metro se hacían más escasos. Estaba subiendo a la montaña que había enfrente, pero no conseguía comprender por que el lobo habría escogido ese camino. Sin duda le perjudicaba, disminuía las probabilidades de salir con vida si se encontrase con Shyanna.

Los árboles quedaron atrás dejando paso a las afiladas rocas de la montaña. Las agradables llanuras nevadas, cedieron el terreno a las escarpadas y heladas ladera del pico. La ascensión se complicaba por momento, y por si fuese poco las nubes del tormentoso cielo bajaron para cubrir la cumbre de la montaña. La cazadora se paró en seco cuando dejó de ver a más de dos metros de sí. Cualquier paso en falso podría resultar fatal, podría torcerse un tobillo, romperse una pierna o incluso despeñarse montaña abajo. A tientas y con lentitud se acercó a al pared más cercana y se apoyó en ella guareciéndose del viento. Solo entonces fue consciente de su cansancio. y sin poder evitarlo sintió como sus rodillas se doblaban haciéndola caer sobre las frías piedras. Cerró los ojos y el suave y susurrante canto del viento llegó a sus oídos. Nada ni el mas mínimo ruido. Era como si el lobo se hubiese evaporado. Inspiró hondo y, como esperaba no consiguió más que llenarse los pulmones con helado aire. Ni el más sutil aroma. Le entraron ganas de gritar, siempre que estba cera de su objetivo algo se interponía en su camino. Y lo peor de todo era la imposibilidad de luchar contra dichos obstáculos. Quiso lanzar piedras al vacío. Quería encontrar a ese lobo y hundir una de sus flechas en su corazón. Aquel detestado animal que la había arruimado su vida. Por su culpa estaba perdida en medio de la nieve hambrienta, helada y sola. Sobretodo sola. Esa era la carga más peasada. Llevaba demasiado tiempo sin intercambiar una sola palabra con un igual. Si ese lobo no hubiese irrumpido en su aldea ella no habría cometido aquel error, que tan caro había pagado.
Las imágenes de aquel nefasto día inundaron su mente. La gente gritando, la sangre derramada, los lobos abalanzándose sobre los más débiles, los cazadores llegando tarde a salvar a sus familias,... y a ella desobedeciedno lo que la habían mandado y estando apunto de ser devorada por el lobo. La cazadora comenzó a llorar. Amargas y ardientes lágrimas corrieron por las mejillas de Shyanna.Todo era culpa... suya. Reconoció reacia. Ahora veía las cosas con más claridad. Por su culpa más de  la mitad de su tribu había sido herida y devorada por la manada de lobos. A la pesada soledad, se unío un terrible sentimietno de culpa. Se miró así misma contempló el arco que su amigo Rhis le había regalado. Lo apartó de sí. No merecía llamarse cazadora. Se despojó de su pieles y las arrojó junto con el arco. Quedándose con tan solo una fina túnica para resguardarse del frío. Con las manos desnudas cogió la dura y congelada nieve y la estrujó entre sus dedos. sietniendo un abrasador frío. Notó como poco a poco sus dedos iban perdiendo sensibilidad. Cuando no pudo más aguantr el dolor abrió las manos y la nive cayó de su palmas.
A penas llevaba unos minutos frente a la densa y fría niebla, cuando sus instintos tomaron las riendas y la obligaron a ponerse de nuevo sus ropajes. Casi al intantes se sitió reconfortada por la suavida y el calor que le proporcionaban estas. Shyanna cerró los ojos.  Sí, era culpa suya, admitió, pero le castigo había sido exagerado. No tenían por qué haberla desterrado, habría sido más útil ayudando a reconstruir la aldea. Si tan solo...
"¡No!", pensó cortando el curso de su pensamientos. No valía la pena pensar en que podría haber ocurrido, pues eso no cambiaría el presente.




sábado, 8 de junio de 2013

Calcuta está más cerca de lo que pensamos

Hola a todos, publico este pequeño relato con el que seleccionaron en Madrid Rumbo al Sur Para irme en verano a África. No tenía pensado "colgarlo" en el blog, pero una amiga me ha convenvido. Es posible que no os guste, o que os parezca un poco aburrido porque no hay nada de "acción" por de cirlo de alguna manera, en la historia, es casi una reflexión. Pero, creedme cuando os digo que con solo cinco páginas, (a doble espacio, y con una letra bastante grande), tienes que sugetar con fuerza tu imaginación porque casi todo lo que se te ocurra superará el espacio que te dan. La frase en la que debía basarse la hitoria era: "Calcuta está en cualquier parte del mundo, siempre que se tengan ojos para vr, mejor dicho para mirar."
En fin, basta ya de rollos, espero que os guste. (¡Ah!, por favor, si tenéis un mimuto, dejad un comentario, please).



Calcuta está más cerca de lo que pensamos
 

Nuria caminaba con rapidez y decisión por las calles de Madrid. Hasta aquel momento había caminado relativamente sola. Era verano y a las cinco de la tarde, la mayoría de las persona preferían estar en casa disfrutando del aire acondicionado. Tan solo se había cruzado con una persona, alguien a quien tiempo atrás había conocido, pero no había habido ningún cordial saludo de cortesía, ni siquiera una sonrisa. En su lugar Nuria había notado como, al pasar junto a ella, su cuerpo se había tensado ante su relativa proximidad. La joven se dio la vuelta justo a tiempo para ver como aquella conocida le lanzaba una mirada reprobatoria y de desprecio. Y esa reacción había sido peor que cualquier insulto que pudiese haber pronunciado. Sin lugar a dudas el que te mirasen como si fueras un perro pulgoso era lo peor de todo, peor incluso que la indiferencia. Y por mucho que Nuria simulase que todo marchaba bien y llevase una perfecta sonrisa, siempre había alguien que era capaz de mirar a través del disfraz y de descubrir la verdad.
La joven continuó su camino, intentando olvidar el incidente, pero es demasiado complicado ignorar el hecho de que te miren como si ya no fueses una persona como ellos. Lo malo es que por mucho que lo intentara, ella o aquellos que se encontraban en situaciones similares, no podían romper el estereotipo que la gente tenía de los parados, desahuciados y demás personas con serios problemas económicos. Y Nuria tenía que lidiar con ello cada día, en las clases, en la calle,… Pero a pesar de todo se sentía afortunada. Ella, a diferencia que muchos otros en su misma situación, tenía donde guarecerse del mundo exterior. El “Centro”, nombre que ella le había dado al centro de menores en el que durante los últimos seis años había vivido. No había sido fácil alejarse de su casa, de su entorno, de sus padres, pero en aquel tiempo su familia tenía graves problemas económicos, y con la única intención de beneficiarla, la habían mandado a ese lugar. En el Centro la pequeña Nuria había rehecho, (de la mejor manera posible), su vida, había hecho nuevos amigos, y había encontrado en el Centro un nuevo hogar. 
Pero si algo tiene de cierto la vida, es que nada dura eternamente, y el tiempo se estaba agotando para Nuria. Desde hacía tres años su cumpleaños había dejado de ser una fecha digna de celebrar con alegría, pues la muchacha sabía que con cada vela que soplaba se acercaba cada vez más al final de su vida en el Centro. De sobra sabía que el día que cumpliese la mayoría de edad, tendría que enfrentarse a la cruda realidad, esta vez sola. Y para ese día tan solo quedaban unas horas.
Esta era una de las razones por las que tanto se empeñaba en estudiar, pues sabía que, ahí fuera, lo único que la separaría de una vida pobre y mísera, serían sus conocimientos y expediente académico.

Cuando por fin llegó a “casa”, una avalancha de niños pequeños la rodeó nada más pisar la entrada. Los seis críos pedían cada uno por su lado el regalo que la muchacha les había prometido. Nuria se metió la mano el bolsillo y mostró lo que había en su interior. Al punto los niños enmudecieron, y se quedaron mirando la chocolatina con ojos golosos. Nuria escondió el chocolate e hizo un gesto y obedientes, todos los niños se colocaron en una fila.


-¿Qué es lo que se dice?-preguntó la chica una vez hubo repartido una chocolatina a cada niño.
-Gracias, -murmuraron todos al unísono como un coro bien coordinado.

-¿Y para mí no hay nada?-bromeó un muchacho desde el pasillo.-Para mí no hay ningún regalo de despedida.
-Diego, tú ya eres demasiado mayor para comer chocolatinas.- Replicó la joven con una sonrisa.
-Sigo sin comprender por qué lo haces, -dijo el chico. Nuria dejó atrás a los niños, y fue con el muchacho al salón.
-Alguien tiene que endulzar un poquito sus días, ¿no crees?- respondió la chica encogiéndose de hombros.

El salón estaba vacío, la mayoría de los niños estaban en el jardín o en la cocina merendando. Diego no tardó ni dos segundos en tirarse al sofá y apoderarse del mando. En otro momento Nuria se habría abalanzado contra su amigo y se habrían peleado por el control del mando, pero en aquel momento su mente estaba inundada de imágenes pasadas y recuerdos. Seis años pasaron de golpe ante ella, risas, juegos, comidas, riñas,… “Seis años” se repitió a sí misma. En todo ese tiempo muchos chicos habían salido y entrado en el Centro.
Recordó su primer día en el Centro, cuando no era más que una cría asustada que no entendía que le estaba sucediendo. Ahora sí lo comprendía, y pronto tendría enfrentarse a ello, esta vez sin casi ayuda.
El día a día había pasado muy lentamente, pero los años habían volado.

-¿No vienes?- le preguntó el muchacho apartando la mirada del televisor.
-No, no, gracias creo que me voy un rato con los “peques”.- Mintió ella volviendo a la realidad. Dicho esto, Nuria dio media vuelta y salió de la habitación. Recorrió los pasillos del Centro, y contempló como los niños jugaban y reían. Aquellos críos que apenas alcanzaban los ocho años de edad, y a pesar de su inocencia, y supuesta ignorancia, entendían, en cierto modo lo que ocurría su alrededor. Sabían que algo en sus vidas era diferente a la de los demás niños de su edad. Y eso en cierta medida, les marcaba. Nuria pensó en las miles de veces que había oído a la “gente normal” estereotipar a todos los niños que vivían en centros de menores. Mucha gente les tomaba por críos mal educados, ariscos e impulsivos. Pero ninguno se paraba a pensar en lo fuerte que eran aquellas criaturas, en su gran resistencia. Eran pequeños  “guerreros” valientes que luchaban incansablemente por sobrevivir en el arduo campo de batalla de la vida. Otros adultos en su lugar, se habrían venido abajo. Pero nadie se fijaba en la deslumbrante luz que brillaba en aquellos niños, si no en el oscuro ambiente que les rodeaba.

Nuria siguió avanzando y llegó hasta una pequeña salita en la que hacía unos meses había hablado con la sobrina de Marta, (una de las directoras del Centro), que estaba estudiando medicina. Casi no recordaba la conversación, pues apenas había durado quince minutos. Lo que si recordaba era lo ciega que estaba esa joven. Tenía una visón bastante limitada de la realidad, era realmente consciente de la pobreza y sufrimientos de otros países, (y estaba dispuesta a colaborar por su desarrollo), pero incapaz de ver la necesidad que había en su propio país, de lo mal que lo pasaba la gente que vivía a su alrededor.  Después de aquello, no había vuelto a saber nada de ella.

La joven continuó su camino por el Centro. Subió las escaleras y llegó a los dormitorios. Se apoyó en el marco de la puerta de la habitación y en esa postura contempló todas las camas, unas enfrente de otras. Sin duda echaría de menos dormir con gente alrededor. Echaría de menos todos y cada uno de los rincones de esa casa, y a todos los que en ella vivían.

****

Nuria sopló su decimoctava vela con lágrimas en los ojos, nunca había deseado tanto ser una niña pequeña como en aquel momento. Todos la felicitaron, Nuria abrazó a cada uno de sus compañeros, con un nudo en la garganta. El pequeño bizcocho casero de una de las coordinadoras, fue devorado por los más pequeños.
Y cuando dieron las doce, fue cuando Nuria recibió el regalo que su edad conllevaba, la libertad, con un precio muy alto para alguien como ella, la soledad. La joven hizo un soberano esfuerzo por no llorar. Su amigo Diego, cuyo tiempo en el Centro también estaba muy cerca de agotarse, la abrazó.

-No estarás sola, ¿lo sabes verdad? Yo pronto te seguiré y Marta te va ayudar. Todo irá bien.- Aseguró el muchacho.
Nuria asintió con un nudo en la garganta, y separándose de Diego se dirigió a los más pequeños. Se arrodillo ante ellos, y estos la rodearon con sus finos bracitos. “¿Quién os traerá ahora el chocolate que tanto os gusta?” Pensó apenada. Cuando consiguió deshacerse del abrazo de los niños, se despidió de los que durante seis años habían sido sus segundos padres. Acto seguido cogió las llaves que Marta le tendía, y recogió su maleta del suelo y avanzó hacia la puerta. Su tiempo en el Centro había terminado, y le dolía dejar todo atrás. Aún así Nuria sabía que era afortunada. Inspiró hondo y avanzó, y justo en el último instante se volvió para dar un último vistazo al Centro y, (en cierto modo), a su familia. “Volveré”, pensó mientras se alejaba”, pero la próxima vez será para dar, no para recibir”.

miércoles, 6 de marzo de 2013

17 años.

Hoy, para mí es un día muy especial. Hace 17 nací y comenzó mi apasionante viaje por este mundo. Hoy tras cumplir diecisiete años 365 se abren ante mí como un gran álbum en blanco esperando a que lo rellene con buenos momentos, risas, y en general buenos recuerdo de la gente que aprecio y míos.

Sin duda el tiempo ha pasado rápido, hace tan solo unos años era una cría que deseaba comerse el mundo, crecer, hacer de todo. Ahora esa niña ha crecido, ya no va al colegio, ni a la E.S.O. si no a Bachillerato, de hecho ya sólo le queda un año para ser mayor de edad y casi dos para pasar a la universidad. Sin embargo el espíritu de aquella pequeña niña sigue estando en el fondo de esta nueva chica, ya más mayor pero con la misma ganas si no más de explorar este mundo.

 Si algo he aprendido en estos 17 "añitos" de vida es que el tiempo nunca pasa como queremos, pero que sobre todo, tiene (tal vez mala) costumbre de pasar volando, de no parar ni un segundo. Así pues debemos aprovechar cada, minuto cada segundo, porque sino llegará un momento en nuestras vidas en el que miraremos hacia atrás sorprendidos, porque ya ha pasado media vida y no nos hemos dado cuanta, y desearíamos volver atrás y aprovechar más. Por eso yo intento que cada día sea especial, sobretodo fechas tan importantes como la de hoy. Intento que hasta el más mínimo de talle, como publicar esta entrada antes de las 24:00, o la colonia que me he puesto sea, sea algo especial. Porque mi vida ya está pasando, aunque acabe de empezar y me quede mucho todavía. Porque ya han pasado 17 años y porque nunca podré volver atrás.

Así pues, despido el que ha sido un maravilloso cumpleaños, a pesar de haber caído en miércoles y no en fin de semana. Animando a todo aquel que lea esto a que celebre (cada día, en especial:) su cumpleaños, sin importar los años que cumplas, porque cada día de esos son únicos en la vida. ;)