Bienvenidos a este pequeño rincón de imaginación, (un poquito de) locura y magia. ¿Que quién soy yo? Pues soy una enamorada de la vida y de los libros con mil sueños y delirios de escritora. ¿Qué vais a encontrar aquí? Pues todo lo que te puedes encontrar, precisamente, entre las páginas de un libro: fotos, anotaciones, recuerdos, notas, reflexiones, un poco de poesía, humor y alguna sátira, historias,… y un poco magia.

Ahora sí, disfrutad de vuestro viaje por este mundo Entre las páginas de un libro.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Dulce locura

Estoy tumbada en la cama, mirando el techo como si en él estuviesen las respuestas a todas mis preguntas. Todo a mi alrededor está hecho un desorden. La cama desecha, el escritorio llenos de papeles con múltiples garabatos, en el suelo mis calcetines y mis zapatos,... pero no sé por qué, me parece que todo está en su lugar, en perfecta armonía. Me levanto y mis pies tocan el frío suelo, pero no siento nada. Me dirijo hacia la ventana y miro soñadora el exterior. Fuera llueve mientras el viento juguetea con las hojas de los árboles. Sin embargo sería capaz de salir a dar un paseo en este mismo instante, sería capaz de abrir la ventana y salir volando de mi habitación hasta...

Suspiro con una sonrisa y el cristal se empaña convirtiendo las calles en un brumoso lugar más bello y suave que antes. Mis pies están congelados pero no tengo frío, es más, casi podría decir que tengo calor. Doy vueltas por mi habitación, bailando de aquí para allá. De pronto mi minúscula habitación se ha convertido en una inmensa estancia en la que cabría todo y más. Me detengo frente al espejo y observo embelesada mi reflejo. Mi pelo, lleno de enredones cae por mi hombros sin ningún orden. Sin embargo yo veo una preciosa y lustrada melena que resbala delicademante hasta por encima del codo. Bajos mis ojos se extiende una tenue sombra violeta que yo no veo. Mis mejillas encendidas contrastan con mi blanca piel salpicada de pecas avellana, que ahora me parecen preciosas en vez de feas manchitas. No veo ninguna imperfección en mi rostro, a pesar de haber encontrado miles tiempo atrás.
Entonces mis ojos se detienen ante mis manos, sobre las cuales aún siento el cosquilleo de las últimas caricias. Luego me fijo en mis labios, que aún guardan el calor del último beso que recibieron. Sonrío, y mi reflejo me imita al instante, lo cual me hace lanzar una breve carcajada. Cierro los ojos y me abrazo a mi misma sonriendo llena de felicidad.

Mi hermano, que paso por delante de mi habitación pone los ojos en blanco al verme.
-Estás loca.- Declara. Yo me limito a abrir los ojos y a mirarle. De pronto todas nuestras broncas y enfados desaparecen, y lo único que veo frente a mi es a una persona a la que quiero. Le sonrío a pesar de su burla y susurro:
-Si amar es perder la razón... ¡dulce locura a la que me entrego!
Y sin esperar respuesta doy media vuelta moviendo los brazos como una bailarina, y me pierdo en la infinidad de mi habitación y pensamientos.