Bienvenidos a este pequeño rincón de imaginación, magia y una pizca de locura. Para quienes se pregunten quién soy, soy una enamorada de la vida y la lectura, con mil sueños y delirios de escritora. ¿Qué vais a encontrar aquí? Todo lo que te puedes encontrar, precisamente, entre las páginas de un libro: historias, fotos, dibujos, recuerdos, reflexiones, susurros de otros tiempos, un poco de poesía, alguna sátira,… y, escondida entre las letras, un poco magia.

Así que no os quedéis en la portada, pasad y disfrutad de vuestro viaje por este mundo Entre las páginas de un libro.


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martes, 6 de marzo de 2018

Blanco y negro


Os recomiendo escuchar esta canción mientras leéis.


Había pasado mucho tiempo desde el último enfrentamiento, tanto que ya nadie recordaba quién se había alzado con la victoria. Pero hoy aquel eterno enfrentamiento volvería a tener lugar. Los  dos ejércitos se reunieron en el campo de batalla. Uno a uno todos los componentes de ambos bandos fueron llegando y formando filas. A un lado se encontraba el ejército Blanco, al otro el Negro. 
La batalla estaba a punto de comenzar una vez más.  Entre las filas de ambos ejércitos podían percibirse las vibrante emociones que preceden a toda batalla, nerviosismo, miedo, inquietud, impaciencia,... y la determinación por librar una hermosa batalla que les lleve a victoria.


lunes, 18 de septiembre de 2017

El cuaderno viajero

(Aclaración por si acaso: un mes después de finalizar este pequeño relato, escribí una versión de este ligeramente diferente que presenté al Certamen de relatos breves de la Facultada de Medicina de la UNEX).

En el hospital se acumulan las horas. Eso lo sabe todo aquel que haya tenido que velar a un familiar o amigo enfermo. Las horas pasan lenta y perezosamente, convirtiéndose en días casi sin darnos cuenta. Pero el tiempo no pasa igual para todos. Hay muchos tipos de espera, la del enfermo que sabe que va a recuperarse, la del que espera poder recuperarse, la del que sabe que sólo queda esperar y la del acompañante que espera a que ocurra una de las 3 anteriores, con una mezcla miedo, esperanza, resignación, impotencia, aceptación a veces, y nerviosismo. Y entre esas 4, hay un sin fin se matices, teñidos con las emociones de aquellos que esperan.

Y eso es lo que hace esa mujer, esperar. Tal vez no la hayas visto cuando pasaste por el pasillo de la planta para visitar a tu amigo o familiar enfermo. Es normal, casi no se la ve, está sentada en una silla junto a la cama, esperando. ¿A qué? No lo sé, simplemente espera. Y mientras, llena su espera con palabras que escribe lenta y deliberadamente en un cuaderno de piel moientras la persona a la que vela duerme. Escribe en su cuaderno, sin emoción reconocible en el rostro, pero en su interior las emociones bullen con intensidad. Alegría, tristeza, nostalgia, esperanza, resignación, aceptación,... Los recuerdos de otros momentos también pasan ante sus ojos colándose entre las emociones.

De vez en cuando y sin variar su aparentemente inexpresión, mira a la persona dormida. A veces incluso le toca brevemente la mano, para al poco tiempo, volver a su espera y a sus palabras. Cada cierto tiempo llega alguien, que aligera la espera y descongela el tiempo por unos momentos, para luego volver a la lentitud inicial una vez que el visitante se ha ido. Entonces la mujer vuelve a su espera. 

Ya son las 8 de la mañana y la mujer lleva toda la noche sentada en la misma silla, esperando. Esperando y escribiendo. Ha costado unos minutos, pero por fin las enfermeras la han convencido. Es hora de volver a casa y dormir en condiciones. Y hasta entonces las enfermeras y médicos se ocuparán de la persona enferma. "Váyase a casa unas horas y descanse. Si hay algún cambio la  llamaremos". Le dice una enfermera, ya veterana. Así que la mujer recoge las pocas cosas que ha traído consigo, su bolso, su botella de agua y su cuaderno, y se marcha. Tal vez si no estuviese estado tan cansada se habría dado cuenta de que justo en el momento en el que ha abierto la puerta para salir del hospital, su precioso cuaderno se ha caído al suelo. Pero ha sido una noche demasiado larga y ya apenas es capaz de mantener los ojos abiertos.

* * *

Unos minutos más tarde, un médico residente de digestivo saliente de guardia, sale del hospital con la cama como destino. Abre la puerta de salida y al momento sus pies se encuentran con un cuaderno de piel. Extrañado, lo recoge y mira a su alrededor, no hay nadie y la recepción aún no ha abierto. Así que se encoge de hombros, se lo mete bajo el brazo y sigue andando. Mañana lo devolverá a Objetos Perdidos, ahora está tan cansado que duda encontrar Objetos Perdidos. 

El joven se mete en el metro y se sienta en uno de los asientos a esperar al tren. "10 minutos para el próximo tren", rezaba el panel informativo. El joven residente suspira con resignación. Entonces el joven fija su atención en el cuaderno que acaba de encontrar. Es un cuaderno simple y a la vez muy bonito, de media cuartilla de tamaño y con las tapas forradas en piel oscura, casi negra. Apenas tiene unas páginas escritas, 10 como mucho. Las esquinas están reforzadas con un metal dorado grabado con delicadas filigranas. El lomo presenta un par de líneas ligeramente hondadas en la piel, de medio centímetro de ancho, una arriba y otra abajo. La tapa de delante tiene como única decoración el contorno dorado de un rectángulo. Por detrás es totalmente liso. 

Lo sostiene entre sus mano, preguntándose de quién será, qué habrá escrito en él. En la tapa no pone nada, ni nombre ni ninguna otra cosa que pudiese aportar ninguna información sobre su contenido. La curiosidad va aumentando. Sus manos titubean, y el joven mira indeciso la tapa, sin saber si abrir o no el cuaderno. No debería... 

lunes, 6 de marzo de 2017

El alpinista


"La belleza es la única parte visible del espíritu."

La joven periodista entró en la habitación acompañada tan solo de su libreta y su teléfono móvil. Dentro estaba la esperaba Daniel Harris, el famoso alpinista.

-          Jenna- saludó el joven.

La periodista estrechó la mano que le tendía con una sonrisa. Acto seguid tomó asiento frente a él, dejó su cuaderno de notas a un lado y encendió la grabadora de su teléfono, como de costumbre. Y tras dejar el móvil sobre les cuaderno, se volvió hacia Daniel.  No era ni la primera, ni la segunda vez que Jenna entrevistaba al alpinista  y eso se veía a primera vista. La entrevista parecía más bien una agradable y amena conversación entre dos amigos, cosa que Daniel agradecía enormemente. En los últimos años había tenido que ofrecer innumerables entrevistas, todas iguales, siempre las mismas preguntas, los mismos comentarios, las mismas respuestas. Por eso era tan agradable ser entrevistado por Jenna. La joven periodista no se preocupaba por tomar notas, ni miraba el guión que sus jefes le habían preparado para la ocasión. La conversación era grabada y más tarde transcrita. Sus artículos siempre eran bien recibidos y siempre objetivos, evitando audazmente opiniones y comentarios subjetivos de los que otros periodistas habrías sacado oro puro.

Las preguntas de la periodista le hicieron recordar sus inicios en el mundo del alpinismo a los 8 años, de la mano de su padre, y al mundo de la fama hacía tan solo 4 años. En ese tiempo había coronado en tiempo récord, un nada desdeñable número de picos. Nombres como el Mont Blanc, el Naranjo de Bulnes, el Kilimanjaro, o el Annapurna, no eran más que una pequeña muestra de su cada vez más grande colección de picos. 

-          Y qué hay de la sensación de coronar un pico ¿Qué sientes al subir una montaña? ¿Qué es lo que más te gusta de subir a un pico?

-          La adrenalina. - Respondió enseguida.- Esa sensación de poder, de que puedes lograrlo todo. Me encanta la satisfacción de superar cada reto que la Naturaleza me plantea, derrotarla en cada enfrentamiento, desvelar sus secretos... Y sobre todo esa sensación de tener el mundo entero a mis pies... Te sientes como el rey del mundo.

-          ¡Guau! Dicho así, dan ganas de ponerse las botas y salir a la aventura- rió Jenna.- Tal vez algún día de estos lo intente.

-          Yo te llevaría, pero ¿serías capaz de aguantar hasta el final? No te veo yo con una mochila a los hombros subiendo y bajando montañas, eeeh. - comentó el alpinista entre risas.

-          Es posible que necesitase una buena temporada de puesta a punto, pero seguro que después de eso no habría cumbre que se me resistiese. Fijo. -Dijo Jenna con cómica convicción. 

Ambos acabaron riéndose de sus propias tonterías. Unos minutos después Jenna tomaba aire para calmarse y siguir con la entrevista. 
-          Entonces para ti, el alpinismo, no es más que una hazaña, un reto físico, ¿no?

-          Sí… A ver, no es lo único que me motiva a subir un pico, el viaje en sí también bien es bonito, conoces gente diferente, sitios... Pero verás, solo tenemos esta vida, vivimos para descubrir los secretos de este mundo, el resto puede esperar.

La conversación continuó con el mismo tono desenfado, hasta que 45 minutos más tarde, Jonh, él amigo y representante de Daniel se asomaba a la habitación para avisar a Jenna de que tan solo le quedaban 5 minutos de entrevista.
   -   Vaya, esta vez sí que se nos ha ido de las manos -comentó con una sonrisa.- Me vas a perdonar pero voy a tener que tirar de guión para terminar, o mi jefe me pondrá de nuevo a escribir columnas. - Daniel asintió con la cabeza, y en un par de segundos la periodista escogió una pregunta de entre las cientos que le habían preparado.
-       -   Ya para terminar,  Daniel, qué harás por tu 25 cumpleaños, ¿cómo vas a celebrarlo esta vez?
El joven alpinista esbozó una sonrisa gatuna.

-       -   Por todo lo alto... en el Everest.


martes, 5 de julio de 2016

Cazadora VI: Regreso

Shyanna deshizo el camino que hacía tanto tiempo había empezado. Tras varios días de viaje llegó al  valle del cual había partido hacía lo que a la joven de parecían siglos. A medida que se iba acercando a su destino los miembros de la tribu con los que se encontraba Shyanna, salían precipitadamente hacia la aldea de la tribu. 



Para cuando llegó al corazón de la aldea, prácticamente toda la tribu se había reunido junto al consejo de sabios, el chamán y el jefe. Shyanna avanzó con paso firme y seguro. Los sheles se apartaban a su paso con recelo. La joven cazadora siguió caminando con la cabeza bien alta sin prestar atención a las miradas reprobatorias, ni a los murmullos que iban surgiendo a su paso. Cuando Shyanna se paró en frente a Tekama , este apenas era capaz de mantener la máscara de imperturbable serenidad que hasta hace unos segundo había llevado. Shyanna se llevó la mano al pecho, cogió uno de los muchos amuletos que llevaba colgando, tiró de él y lo lanzó a los pies de su antiguo jefe.

- ¡Qué significa esto!- exigió saber Tekama, observando el amuleto shele teñido de negro, símbolo de los sin-hogar que le había sido entregado a Shyanna el día de su destierro.
Shyanna fue a responder cuando los gritos y exclamaciones de  varios miembros de la tribu la detuvieron.

jueves, 16 de junio de 2016

Cazadora V: Cacería

Shyanna levantó la vista e inmediatamente pegó un respingo. Por segunda vez en ese día, el lobo se hallaba  ante ella. Estaba a apenas unos metros de ella, mirándola con su ojos ambarinos. Ya no sentía la necesidad de acabar con él. Ya no lo consideraba el culpable de su actual situación. Tal vez no mereciese la pena después de todo, ya no había razón para querer acabar con él. Estaba a punto de abandonar su cacería cuando un pensamiento cruzó su mente. "Y si...Tal vez  consigo cazarlo, si me hago con su piel y se la entrego a Tekama me dejen volver". Sabía que aquel argumento apenas se sostenía, que ni siquiera ella misma se lo creía, pero decidió seguir con su objetivo inicial. ¿Qué otra cosa le quedaba? La persecución de aquel animal era lo que la había mantenido con vida todo este tiempo. No podía dejarlo ahora, no después de todo lo que había sufrido. No lo quiso pensar más, o desistiría. Así que sin más dilación recogió su arco y flechas con la mayor rapidez posible. Shyanna se puso en pie y corrió tras el lobo, que al verla moverse, había echado a correr.

No llevaban ni 5 minutos de carrera cuando de repente Shyanna se paró.
Sonrió para sí, esta vez el lobo no se le escaparía. Tomó una flecha de su carcaj, la colocó sobre su arco y lo tensó siguiendo con la punta de la flecha el recorrido de su presa. Y todo a su alrededor se ralentizó. Siguió con la mirada el recorrido del lobo, como corría entre la nieve, como se alejaba... en la dirección que ella quería. El lobo ajeno a la amenaza que se cernía sobre él, continuó corriendo sin alterar su rumbo. El animal saltó sobre una roca y Shyanna disparó.

viernes, 12 de diciembre de 2014

El otro lado del precipicio, III



El viento la cogió entre sus etéreos brazos y por un instante Eikasía se sintió libre como un pájaro. Milésimas de segundos después, la implacable gravedad hizo acto de presencia y tiró de ella hacia abajo. Eikasía gritó. Los hombres gritaron y aceleraron su paso.


Pero cuando alcanzaron el borde del precipicio los gritos de Eikasía habían dejado de oírse y la niebla se había tragado su cuerpo, tapando cualquier evidencia de  lo ocurrido. Había desaparecido. La joven Eikasía había muerto, su locura había acabado con ella. Los hombres regresaron a Arferol cabizbajos. La triste noticia no tardó en extenderse, pero apenas hubo lágrimas derramadas por la joven fallecida, pronto todos volvieron a sus rutinas, y Eikasía pasó a ser uno de los muchos ejemplos de cuán dañina podía llegar a ser la imaginación en la mente de un humano.

El otro lado del precipicio, II


No dejó de correr a pesar de estar sin aliento. No podía parar, no podía darse media vuelta, no podía volver. Su corazón golpeaba sus costillas con fuerza, en su intento de mantener el ritmo que la chica se empeñaba en llevar.  A sus espaldas oía el rumor de los pasos de sus dos perseguidores. La llamaban, gritaban su nombre, pidiendo que se parase. La joven apretó el paso empujando su cuerpo hasta el límite de su resistencia.
De repente, la chica se paró de golpe. A sus pies la tierra se abría en una profunda grieta. Y llenando el hueco entre las dos orillas, una espesa niebla se alzaba impidiendo que apenas se apreciase el otro lado del barranco y que el fondo pareciese infinito. El viento soplaba con fuerza empujando a todo aquello que se cruzase en su camino hacia el abismo. La joven contemplaba la enorme grieta, casi sin verla. Su corazón seguía desbocado y sus pulmones continuaban exigiendo grandes cantidades de aire. Empujó una piedra con el pie y la contempló caer con un nudo en el estómago. Todo su cuerpo temblaba  a causa del esfuerzo realizado, ¿o era a causa del miedo? La joven tragó saliva, e inspiró hondó.
“Salta” dijo una voz a su lado. Una voz sin cuerpo, una voz que solo ella podía oír. “Salta” repitió la voz “Eika sabes que ya no hay espacio para ti ahí atrás, nunca lo ha habido. Jamás serás una de ellos, no te quieren allí. Salta y nunca más tendrás que volver a preocuparte por nada.” Sin embargo la joven no se movió. Cerró los ojos.

Las imágenes acudieron a su mente como destellos en medio de la oscuridad. Una niña sentada en un rincón pintando cosas que no debía cosas que solo existían para ella. Una chiquilla escondida entre los árboles de los bosques contemplando con anhelo a los niños que jugaban a unos metros de ella. Una chica riendo y hablando con alguien a quien nadie podía, vero oír o tocar. La misma niña siendo regañada por su familia de acogida por hacer esas cosas. Una niña tirando el pegajoso contenido de un frasco. Un edificio enorme, con sus puertas cerradas, pero ventanas rotas por las que una chica se había colado y donde había encontrado nuevos amigos, llenos de palabras, imágenes y secretos, donde había encontrado conocido a Peter. Una muchacha ocultando en sus  bolsillos y salvando del fuego unos escritos, libros y mapas. La misma joven leyendo a escondidas a la luz de las velas aquellos tesoros prohibidos.

<< -¿Con quién hablas, Eikasía?”

-Con Peter, yo…”
-¿Aún sigues con eso?
-No te entiendo, ¿con qué estoy siguiendo?-¿Por qué no paras de una vez? ¡Él no existe!, ¿por qué te empeñas en creer que es algo más que un producto de tu desmesurada imaginación?
-¡No es cierto! ¡Él SÍ existe! ¡Vive al otro lado del precipicio!
-Eika, lo único que hay al otro lado del barranco es nada, métetelo en la cabeza. Ni existe otro pueblo, ni existe gente que viva allí, ni mucho menos un peter que sólo puedes ver y oír tú. Ya eres mayor para tener amigos imaginarios.¡Deja de soñar, y baja el mundo real! 
-¡Él es de verdad!
-“¡Por supuesto!” Tan real como las hadas que dijiste ver en el jardín. Ve a contarle el cuento a quien te crea, Eikasía, deja de aburrirme con tus niñerías y madura de una vez.
-Algún día me iré al otro lado del precipicio y seré libre, y... y... ¡y os demostraré que lo que digo es  verdad!>>
<< “Hoy tenemos invitados, Eikasía, así que compórtate, sé buena y no hables ni digas nada sin que te pregunten. Concéntrate,  y trata de no ser como eres normalmente. No quiero que nos avergüences.”>>

<<-¿Por qué no podías ser normal?

-¡Soy normal!
-No, no lo eres, y lo sabes. >>
<<Ocúltalo, que nadie se entere de cómo eres, o lo que haces. Que no sepan de ti, que descubran quién eres >>


 << ¡¿Estás enferma?! ¡Nadie en su sano juicio haría eso! ... Claro que no contaba que tu estás "medio" loca.>>
 

<<¡Has sido, eres y siempre serás la excéntrica forastera que por error acogimos y que nunca formará parte de nuestras vidas!>>

Las lágrimas resbalaron por sus mejillas al recordar todos esos momentos. “Nada te ata a este lugar, ¿por qué no lo dejas atrás?
-¡EIKA! –Gritó una voz a sus espaldas. Eika sorprendida y angustiada se dio media vuelta y vio  a sus uniformados perseguidores.- ¡DETENTE! ¡No saltes!-¡QUÉDATE DONDE ESTÁS!- Gritó el segundo hombre.- ¡No quieres hacerlo! ¡POR FAVOR, Quédate ahí, y te llevaremos a casa!  ¡Te lo prometo!
No les escuches. Sabes que no es verdad. Ninguno te ha creído nunca. No te dejes engañar, las cosas no cambiarán y esta vez ni siquiera te dejarán ser libre, estarás en constantemente vigilada. Recuerda cuál era tu deseo

<<Algún día saltaré  al otro lado del precipicio y seré libre. >> Hacía años que había dicho eso. Lo había gritado con lágrimas en los ojos antes las risas y miradas reprobatorias y burlonas de los demás. Aquel recuerdo había permanecido en su mente, guardado hasta ese día. Aquella mañana se había levantado como cada día, se había vestido y había bajado a desayunar. Pero no había encontrado desayuno alguno. Su madre no estaba en la cocina como de costumbre, sino en el salón, delante de dos hombres uniformados e inexpresivos. Eika frunció el ceño. Halen la había hablado con suavidad, como si se tratase de un animal herido y asustado. ¡¡NO!!Había gritado Eikasía cuando comprendió la situación. Segundos más tarde corría hacia las afueras de la cuidad con los señores uniformados tras ella.

 Morirás ahogada por todos ellos, puede que no al momento porque eres fuerte, pero acabarán por apagar tu luz. No te dejarán ser tú misma.La voz de Peter sonaba clara a su lado. Los pasos de los hombres se escuchaban cada vez más cerca. Salta. Eikasía, cerró los ojos con fuerza e inspiró hondo, dio un paso hacia atrás y saltó.

El otro lado del precipicio I


La puerta de la consulta del doctor Maddison se abrió y en el umbral apareció una enfermera con una carpeta sobre la cual descansaba la lista de pacientes.

-¿Halen Tiddle?- llamó con voz gangosa. Como respuesta, una señora de mediana edad se levantó de su asiento, se alisó su falda, se colgó del hombro el bolso que hasta entonces había estado abrazando como un naufrago a un salvavidas, y con dignidad caminó entre los diversos pacientes. Halen sabía perfectamente que iba a ocurrir a continuación. Y lo tenía todo pensado, cómo actuar, qué decir y cómo hacerlo. El doctor la saludará con una sonrisa y le preguntará la razón de su visita. Entonces ella le tenderá una foto que escondía en su bolso. “¿La recuerda? preguntará la mujer, y el médico se dedicará a examinar la imagen de una chiquilla sonriente de pelo cobrizo con chispeantes e inteligentes ojos azulados. Y el doctor reconocerá en ella a Eikasía, la niña que hacía diez años había visitado su consulta de la mano de su madrastra Halen. La mujer la había traído porque su desmesurada imaginación la había llevado a creer que existían seres mágicos e increíbles que solo ella podía ver. Algo que ni los niños más pequeños de Arferol hacían.

Allí todos eran gente normal, la creatividad y la imaginación era consideras lastres para el completo desarrollo las personas. Eran consideradas una peligrosa enfermedad para la sociedad. Aquellas características habían llevado en el pasado a personas a perder la razón, las pruebas de ello se encontraban tanto en la historia, como en la ficción. Nombres como Benjamin Frankling, cuyo descabellado invento casi acaba con su vida,; Albert Einstein, quien intentando crear la energía del futuro, había causado la muerte de miles de inocentes. Don Quijote, por otro lado era una de los personajes ficticios que con mejor claridad reflejaba lo que la imaginación y cualquier elemento portador de esta, podía llegar a causar tabto en la vida de un individuo como de un colectivo. La libertad de soñar, de pensar más allá de lo estrictamente correcto, posible y aceptado equivalía a sumir ciudades enteras en el caos y posterior destrucción. Ceñirse a lo real era lo apropiado y correcto para un ser racional como el ser humano. Por ello, todos en Arferol  eran educados en el más puro realismo y racionalidad. Y durante décadas habían conseguido extirpar esas nefastas cualidades, de forma que ni siquiera los más jóvenes tenían ideas alejadas de lo científicamente posible. Desde hacía décadas no había existido ningún soñador en Arferol, y las cosas había ido bien.


Eikasía había llorado poco después de tomarse el mejunje pegajoso y dulzón  que el médico le había dado. ¡No los veo! ¿Por qué se han ido? Siempre están ahí, ¿por qué... por qué no les veo? ¡¡Estoy sola!!Había gritado angustiada la criatura mientras las lágrimas empapaban sus mejillas. Desde aquel día, Eikasía había recibido, por orden del médico, una dosis doble cada noche, y ambos habían mantenido en secreto la enfermedad de aquella chiquilla. Desde entonces Halen no había pisado aquella consulta por nada relacionado con Eikasía. Hasta ahora.

-¿Qué  ocurre? ¿No se ha curado?- preguntó el doctor con seriedad, súbitamente preocupado.

-Eikasía ha crecido- comenzó Halen tomando asiento frente a Maddison.- Tiene 17 años, casi 18, ya no es una niña, y sin embargo tengo serias sospechas sobre su curación.- Maddison arrugó el entrecejo al oír aquello.- Tal vez tenga yo parte de la culpa, empiezo a sospechar que nos engañaba cuando decía que se tomaba la medicina.- El médico ya había abierto la boca para protestar, pero Halen fue más rápida y continuó hablando.- Todo resultaba muy convincente, ya nunca hablaba sola, era más obediente,  parecía... normal. Pero desde hace tiempo noto que algo va mal. Sigue comportándose bien, pero de vez en cuando desaparece durante horas por las tardes. Nadie sabe a dónde va. Yo no me quería preocupar sin razón, siempre era puntual para cenar, y  llegaba relajada, tranquila, sonriente,... y con los zapatos impecables, lo que implicaba que no podía haber ido muy lejos de casa. Yo intentaba convencerme a mi misma que se había reformado por completo, que había madurado, por eso no quise acudir antes. Pero entonces, hace tres noches la escuché reír. Reía en voz baja, pero con ganas como cuando era pequeña. Así que al día siguiente mandé a mi hijo Nigel seguirla, ya sabe, para averiguar a dónde iba y qué hacía. ¿Y qué descubrió mi querido Nigel? ¡La biblioteca!- exclamó horrorizada la mujer. La expresión de Maddison se descompuso en una mueca de sorpresa y desagrado. La biblioteca era un lugar prohibido para todos los habitantes de Arferol por ser considerado el foco de la infección. Sus puertas estaban cerradas a cal y canto, solo se abrían en invierno para coger de allí los libros necesarios para quemarlos en las chimeneas y calentar las casas.- La muy tonta, había encontrado una manera de colarse, ¡¡y llevaba añosyendo allí!! Con todo lo que hemos hecho por ella, ¿así nos lo paga? ¿Qué será de mi familia? Ellos no tienen culpa alguna. ¿Qué pensarán los demás de gente que acoge entre ellos a una soñadora?- La mujer pronunció aquella palabra con desprecio. Estaba al borde las lágrimas, su familia y ella podían perderlo todo si ese asunto salía la luz.

-Halen,-comenzó Maddison con voz tranquilizadora,- usted no tiene la culpa, simplemente a tenido mala suerte. Usted no es culpable de que Eikasía haya acabado así, sino, en todo caso, ella misma, que aún sabiendo lo que se hallaba en juego decidió tomar el camino equivocado. –Halen se enjugó las lágrimas con la mano temblorosa y alzó la mirada interrogante hacia el doctor. ¿Qué hacemos?, le preguntará entre hipidos.
-Es una situación delicada y harto compleja- ante aquello los ojos de Halen volvieron a inundarse. –Pero tiene solución,- se apresuró a calmarla el doctor.- La trasladaremos a la cuidad. Allí sabrán cómo tratarla.
Halen asintió.
-¿Qué debo hacer?

jueves, 6 de marzo de 2014

Eikasía

Oscuridad, suave y envolvemnte, llena de misterios y secretos.
De repente, suena el despertadeor y vuelvo a la realidad. Alargo la mano y paro el estridente sonido. Sin embargo me quedo unos minutos más en la cama. Hoy es un día especial y quiero unos momentos para saborearlo sola y con tranquilidad.  Si esperaba encontrar sentirme completamente diferente, sufro una decepción al sentirme casi igual que ayer. Como yo esperaba (y deseaba) todo segue siendo como antes. Sólo hay una pequeña diferencia cuantitativa, hoy se añade una unidad más a mi edad. A partir de hoy, soy adulta, o eso es lo que ellos creen que seré. Llevan años esperando este momento, esperando a que madure, a que deje atrás todos los defectos de la adolescencia y cualquier reducto de la infancia que aún permaneciese en mí. Hoy todos se leventarán con la esperanza de verme cambiada. De ver si la mágica transformación que ellos esperaban en mi se ha producido. Y me siento tentada de demostrarles cuán equivocados están, que yo soy como soy y que una cifra no me va a cambiar. Pero sé que eso sería un gran error que no tendría vuelta atrás y, después de todo, es mi cumpleaños no quiero arruinar un día tan especial.

Me levanto de la cama y me miro al espejo y solo entonces me doy cuenta de cuánto he crecido en todos estos años. Recuerdo a la niña que un día fui y que hace tiempo se reflejó en este mismo espejo buscando el defecto que todos veían en ella. Me costó comprender que no debía hablar de mis sueños, e ideas, de mis ganas de viajar y descubrir cosas nuevas, ni de mi gusto por la lectura, especialmente si aquello que yo leía no eran los libros aleccionadores recomendados. Aquí en Arferol todo aquel que posea un resquicio de creatividad y/o imagianción es considerado un extraño, casi una amenaza al orden del pueblo. Cualquier cosa que se salgo de los que es conmsiderado normal para ellos es mirado con reprobación y evitado. La ideología de mi pueblo se ve reflejada en la conclusión que sacan de los libros aleccionadores, como El Quijote : "La imaginación, y todo aquello derivado de ella, entendido como la creación de ideas alejadas de la estrcita  realidad, nos lleva a actuar de forma irracional hasta el punto de hacernos perder la razón. Y esta, en los casos más extremos, puede conducir  al muerte." A mí como al pobre Don Quijote , me ha consideredo siempre una lunática en toda regla. Antes esta idea me molestaba, ahora me hacía reír.

Me visto, con tranquilidad quiero que todo hoy sea perfecto. Escojo con cuidado la camisa y los vaqueros que voy a llevar, así como mi calzado. Quiero que todo salga bien, no solo para dar el pego en la prueba de hoy sino por mí misma. Pero también quiero que este días pase a mis memoria como uno de los mejores, (entre otras cosas) porque a pesar de seguir siendo igual que ayer, me siento de forma diferente, más contenta, me sietno BIEN, como si todo estuviese en armonía por un momento.
Cuando bajo al recibidor todos me están esperando. Atravesamos el jardín y nos subimos al coche y contemplo pasar la cuidad mientras mi mente vaga por tods los recuerdos vividos hasta ahora, todos los sueños, todo.


-¿Cuántos años tienes?- Es la primera pregunta del examniador. Si las contesto todas bien, significará que he madurado y que ya he dejado de ser una lunática. Para ellos habrá surtido efeto la "magia" de la mayoría de edad.
-18- contesto, y noto una extraña sensación. Se me antoja una cifra demasiado grande, y oírlo de mi propia voz me suena un poco raro, pero sin duda, me gusta.
Las preguntas se suceden una tras otra, y yo las voy contestando con tranquilidad. Y por el cambio de actutid del examinador, sé que estoy actuando tal y como se esperaba de mi. Ya no me mira con la preocupación brillando en sus ojos, ni con la mano en tensión dispuesta a tomar notas de cualquier error.
Yo, por mi parte, veo en mis respuestas veo que he madurado. Ya no soy una cría, pero por suerte tampoco soy na adultay ese pensamineto me agrada, porque significa qu aún me queda mucho por aprender y por crecer. Me gusta pensar que aún me queda para llegar al final de mi trayecto. Tengo 18 años, pero en el fondo siego siendo la niña soñadora, una persona con una alma eternamente joven que mira el horizonte con anhelo. He madurado y he crecido, pero a mi manera.

_Enhorabuena,- me dice una vez he que las preguntas han concluido.- HAs mejorado notablemente desde nuestra última reunión. Se no nota que ser mayor de edad te ha sentado bien, me alegra que hayas dejado atrás todas esas ideas y sueños descabellados, no iba a ninguna parte. Se no ta que has madurado, ya eres toda una adulta..- Yo sonrió y asiento, casi sin poder contener mi alegría. ¡Les he engañado a todos!

Veo como el examinador se ausenta de la sala  y sé qué es lo que le dirá a mis cuidadores, que estoy curada, que por fin me he convertido en una persona normal.

miércoles, 19 de junio de 2013

Cazadora IV: El viaje

El viento soplaba con fuerza, arañando la piel, jugando con los mechones de su cabello que estaban fuera de su capucha. El gélido aire se colaba entre sus ropajes haciéndola estremecer de frío.
Antes de partir Shyana se había asegurado de tener todo lo necesario para el viaje. Había cazado dos ciervos y a un despistado reno. Había secado su carne, (para que no se estropease durante el viaje), con su vísceras había creado recipientes con los que poder transportar líquidos, con sus abrigadas pieles se había confeccionado un par de botas, ropa de abrigo, una tela que utilizaba para dormir a modo de tienda y una macuto donde lo guardarlo todo. A sabiendas del la nieve que caería, había impermeabilizado la mitad de sus prendas con la grasa de su presas. Pero al parecer todo eso no había sido suficiente.

El viento chocaba ente las paredes de las montañas que había alrededor, entre los finos árboles de alrededor, y la azotaba sin piedad sus sonrosadas mejillas por el frío, mordía sus entumecidos dedos, haciendo menguar sus últimas fuerzas. Cayó de rodillas sobre la nieve. se abrazó a sí misma temblando. Sus lágrimas cálidas lágrimas dejaban un húmedo surco en sus mejillas que no tardaban en helarse, intentó levantarse, ponerse en pie, pero sus piernas se negaban a responder y su voluntad era cada vez más débil. Sabía que si quedaba así mucho tiempo moriría de frío pero estaba tan cansada, que la idea de poder descansar resultaba dolorosamente tentadora. Llevaba casi dos semanas andando, ya no le quedaba apenas comida, había perdido completamente el rastro de su lobo. Ha perdido toda su esperanza,si no de poder regresar algún día a su precioso y cálido valle. Haberse internado en las frías montañas en pleno invierno había sido un tremendo error, había subestimado el poder de la nieve y el frío y ahora estaba pagando por su equivocación.

Alzó de nuevo su cabeza, tal vez para echar un última mirada al mundo que seguramente ya dejaba atrás, entonces lo vio. Recortado en la ventisca, de frente y mirándola fijamente con sus ojos ambarinos. Shyanna parpadeó sorprendida, temiendo que lo que estaba viendo fuese tan solo una ilusión nacida de su desesperación. Pero el lobo permanecía allí, real, observándola. Giró la cabeza buscando algo que sólo él podía ver. De nuevo centró su mirada en la joven, y tras unos segundos alzo la cabeza y profirió un corto aullido. Una vez terminó, echo a correr en dirección contraria a la joven, "invitándola" a seguirlo. Fuera como fuere no importaba, se levantó a toda prisa y en apenas unos segundos corría tras el lobo con renovadas fuerzas y esperanzas, así como con renovada rabia.
Shyanna corrió tras el animal todo lo rápido que pudo, pero el lobo contaba con innumerables generaciones de perfeccionamiento, que lo habían adaptado al medio perfectamente, permitiéndole moverse por aquellos parajes tan hostiles con gran agilidad. Y pronto la dejó atrás. La joven se paró en seco y miró a su alrededor. Solo veía nieve y viento, pero su percepción de cazadora no se basaba simplemente en la vista, su condición depredadora la había ensañado a dejar guiarse por su oído, olfato y tacto. Shyanna había aprendido a leer el medio en el que se encontrase, fuese cual fuese.  Se agachó y contempló con interés la  huellas que el lobo había dejado en su huida. Con tan solo ver su profundidad y la distancia entre unas y otras, Shyanna era capaz de deducir más que cualquier otro experimentado cazador sobre su presa. Sabía hacia donde se dirigía el lobo, y la velocidad que llevaba, y esta vez no lo iba  a perderle. Sin embargo su equipaje le dificultaba mucho moverse y mermaba considerablemente su agilidad. Avanzó despacio mirando a su alrededor, buscando un lugar donde dejar sus pertenencias sin miedo a perderlas. Sabía que deshacerse de ellas en plena tormenta no era una idea muy prudente, sabía que de hacerlo tendría que memorizar rigurosamente el lugar donde las había dejado y recordar todos los detalles del camino que tomara tras esconder sus cosas, pues sería increíblemente fácil perderlas. Al final encontró la entrada de un cueva a los pies de una de las montañas y picos que rodaban aquel lugar. Con cuidado se adentró en ella. Exploró su interior y, no sin sorpresa, descubrió lo grande que era tenía casi tres metros de alto y cinco de ancho. Y se extendía varios metro hacia en centro de la montaña haciéndose cada vez más estrecha. dejó todas sus pertenencias en junto a una pared, (salvo por su arco y carcaj, un cuchillo y un trozo de carne seca, bien para usar de cebo, bien para ella misma), y las disimuló con unas piedras de alrededor. Salió fuera. Esta vez no tenía excesiva prisa. Tenía la sensación de que esta vez el lobo no escaparía. Miró a su alrededor para recordar y reconocer el terreno. Eran como diminutos valles, pequeñas explanadas de nieve, (bajo la cual seguramente hubiese hierba), y algún que otro pino bajo y ocasional. lo más curioso era que estas explanadas se encontraban casi en la misma cumbres de las montañas, rodeadas por las paredes de estas. Pero Shyanna no estaba contemplando tan hermoso lugar, sino creando una copia de él en su mente que la permitiera regresar a él sin problema. Comenzó a moverse con lentitud, fijándose en cada detalle que veía, haciendo hincapié en todo aquello que la permitiera diferenciar la explanada en la había dejado sus cosas de las demás. Tardó tan solo unos segundos en crear un mapa de la zona.
Echó a correr siguiendo las huellas del lobo, haciendo caso omiso a sus agotadas piernas que gritaban un descanso. La joven comprobó que las huellas del animal estaba cada vez menos separabas, y se hundían menos y de forma más igualitaria en la nieve. También vio pequeños surcos entre las huellas de las pata delanteras. Estaba buscando algo, seguramente refugio. De haber tenido hambre la habría matado antes y si estuviese buscando a sus similares abría aullando al viento buscando una respuesta. La cazadora continuó sorteando los árboles que con cada paso que daba con cada metro se hacían más escasos. Estaba subiendo a la montaña que había enfrente, pero no conseguía comprender por que el lobo habría escogido ese camino. Sin duda le perjudicaba, disminuía las probabilidades de salir con vida si se encontrase con Shyanna.

Los árboles quedaron atrás dejando paso a las afiladas rocas de la montaña. Las agradables llanuras nevadas, cedieron el terreno a las escarpadas y heladas ladera del pico. La ascensión se complicaba por momento, y por si fuese poco las nubes del tormentoso cielo bajaron para cubrir la cumbre de la montaña. La cazadora se paró en seco cuando dejó de ver a más de dos metros de sí. Cualquier paso en falso podría resultar fatal, podría torcerse un tobillo, romperse una pierna o incluso despeñarse montaña abajo. A tientas y con lentitud se acercó a al pared más cercana y se apoyó en ella guareciéndose del viento. Solo entonces fue consciente de su cansancio. y sin poder evitarlo sintió como sus rodillas se doblaban haciéndola caer sobre las frías piedras. Cerró los ojos y el suave y susurrante canto del viento llegó a sus oídos. Nada ni el mas mínimo ruido. Era como si el lobo se hubiese evaporado. Inspiró hondo y, como esperaba no consiguió más que llenarse los pulmones con helado aire. Ni el más sutil aroma. Le entraron ganas de gritar, siempre que estba cera de su objetivo algo se interponía en su camino. Y lo peor de todo era la imposibilidad de luchar contra dichos obstáculos. Quiso lanzar piedras al vacío. Quería encontrar a ese lobo y hundir una de sus flechas en su corazón. Aquel detestado animal que la había arruimado su vida. Por su culpa estaba perdida en medio de la nieve hambrienta, helada y sola. Sobretodo sola. Esa era la carga más peasada. Llevaba demasiado tiempo sin intercambiar una sola palabra con un igual. Si ese lobo no hubiese irrumpido en su aldea ella no habría cometido aquel error, que tan caro había pagado.
Las imágenes de aquel nefasto día inundaron su mente. La gente gritando, la sangre derramada, los lobos abalanzándose sobre los más débiles, los cazadores llegando tarde a salvar a sus familias,... y a ella desobedeciedno lo que la habían mandado y estando apunto de ser devorada por el lobo. La cazadora comenzó a llorar. Amargas y ardientes lágrimas corrieron por las mejillas de Shyanna.Todo era culpa... suya. Reconoció reacia. Ahora veía las cosas con más claridad. Por su culpa más de  la mitad de su tribu había sido herida y devorada por la manada de lobos. A la pesada soledad, se unío un terrible sentimietno de culpa. Se miró así misma contempló el arco que su amigo Rhis le había regalado. Lo apartó de sí. No merecía llamarse cazadora. Se despojó de su pieles y las arrojó junto con el arco. Quedándose con tan solo una fina túnica para resguardarse del frío. Con las manos desnudas cogió la dura y congelada nieve y la estrujó entre sus dedos. sietniendo un abrasador frío. Notó como poco a poco sus dedos iban perdiendo sensibilidad. Cuando no pudo más aguantr el dolor abrió las manos y la nive cayó de su palmas.
A penas llevaba unos minutos frente a la densa y fría niebla, cuando sus instintos tomaron las riendas y la obligaron a ponerse de nuevo sus ropajes. Casi al intantes se sitió reconfortada por la suavida y el calor que le proporcionaban estas. Shyanna cerró los ojos.  Sí, era culpa suya, admitió, pero le castigo había sido exagerado. No tenían por qué haberla desterrado, habría sido más útil ayudando a reconstruir la aldea. Si tan solo...
"¡No!", pensó cortando el curso de su pensamientos. No valía la pena pensar en que podría haber ocurrido, pues eso no cambiaría el presente.




sábado, 8 de junio de 2013

Calcuta está más cerca de lo que pensamos

Hola a todos, publico este pequeño relato con el que seleccionaron en Madrid Rumbo al Sur Para irme en verano a África. No tenía pensado "colgarlo" en el blog, pero una amiga me ha convenvido. Es posible que no os guste, o que os parezca un poco aburrido porque no hay nada de "acción" por decirlo de alguna manera, en la historia, es casi una reflexión. Pero, creedme cuando os digo que con solo cinco páginas, (a doble espacio, y con una letra bastante grande), tienes que sujetar con fuerza tu imaginación porque casi todo lo que se te ocurra superará el espacio que te dan. La frase en la que debía basarse la hitoria era: "Calcuta está en cualquier parte del mundo, siempre que se tengan ojos para vr, mejor dicho para mirar."
En fin, basta ya de rollos, espero que os guste. (¡Ah!, por favor, si tenéis un mimuto, dejad un comentario, please).



Calcuta está más cerca de lo que pensamos
 

Nuria caminaba con rapidez y decisión por las calles de Madrid. Hasta aquel momento había caminado relativamente sola. Era verano y a las cinco de la tarde, la mayoría de las persona preferían estar en casa disfrutando del aire acondicionado. Tan solo se había cruzado con una persona, alguien a quien tiempo atrás había conocido, pero no había habido ningún cordial saludo de cortesía, ni siquiera una sonrisa. En su lugar Nuria había notado como, al pasar junto a ella, su cuerpo se había tensado ante su relativa proximidad. La joven se dio la vuelta justo a tiempo para ver como aquella conocida le lanzaba una mirada reprobatoria y de desprecio. Y esa reacción había sido peor que cualquier insulto que pudiese haber pronunciado. Sin lugar a dudas el que te mirasen como si fueras un perro pulgoso era lo peor de todo, peor incluso que la indiferencia. Y por mucho que Nuria simulase que todo marchaba bien y llevase una perfecta sonrisa, siempre había alguien que era capaz de mirar a través del disfraz y de descubrir la verdad.

La joven continuó su camino, intentando olvidar el incidente, pero es demasiado complicado ignorar el hecho de que te miren como si ya no fueses una persona como ellos. Lo malo es que por mucho que lo intentara, ella o aquellos que se encontraban en situaciones similares, no podían romper el estereotipo que la gente tenía de los parados, desahuciados y demás personas con serios problemas económicos. Y Nuria tenía que lidiar con ello cada día, en las clases, en la calle,… Pero a pesar de todo se sentía afortunada. Ella, a diferencia que muchos otros en su misma situación, tenía donde guarecerse del mundo exterior. El “Centro”, nombre que ella le había dado al centro de menores en el que durante los últimos seis años había vivido. No había sido fácil alejarse de su casa, de su entorno, de sus padres, pero en aquel tiempo su familia tenía graves problemas económicos, y con la única intención de beneficiarla, la habían mandado a ese lugar. En el Centro la pequeña Nuria había rehecho, (de la mejor manera posible), su vida, había hecho nuevos amigos, y había encontrado en el Centro un nuevo hogar. 

Pero si algo tiene de cierto la vida, es que nada dura eternamente, y el tiempo se estaba agotando para Nuria. Desde hacía tres años su cumpleaños había dejado de ser una fecha digna de celebrar con alegría, pues la muchacha sabía que con cada vela que soplaba se acercaba cada vez más al final de su vida en el Centro. De sobra sabía que el día que cumpliese la mayoría de edad, tendría que enfrentarse a la cruda realidad, esta vez sola. Y para ese día tan solo quedaban unas horas.
Esta era una de las razones por las que tanto se empeñaba en estudiar, pues sabía que, ahí fuera, lo único que la separaría de una vida pobre y mísera, serían sus conocimientos y expediente académico.

Cuando por fin llegó a “casa”, una avalancha de niños pequeños la rodeó nada más pisar la entrada. Los seis críos pedían cada uno por su lado el regalo que la muchacha les había prometido. Nuria se metió la mano el bolsillo y mostró lo que había en su interior. Al punto los niños enmudecieron, y se quedaron mirando la chocolatina con ojos golosos. Nuria escondió el chocolate e hizo un gesto y obedientes, todos los niños se colocaron en una fila.


-¿Qué es lo que se dice?-preguntó la chica una vez hubo repartido una chocolatina a cada niño.

-Gracias, -murmuraron todos al unísono como un coro bien coordinado.

-¿Y para mí no hay nada?-bromeó un muchacho desde el pasillo.-Para mí no hay ningún regalo de despedida.
-Diego, tú ya eres demasiado mayor para comer chocolatinas.- Replicó la joven con una sonrisa.
-Sigo sin comprender por qué lo haces, -dijo el chico. Nuria dejó atrás a los niños, y fue con el muchacho al salón.
-Alguien tiene que endulzar un poquito sus días, ¿no crees?- respondió la chica encogiéndose de hombros.

El salón estaba vacío, la mayoría de los niños estaban en el jardín o en la cocina merendando. Diego no tardó ni dos segundos en tirarse al sofá y apoderarse del mando. En otro momento Nuria se habría abalanzado contra su amigo y se habrían peleado por el control del mando, pero en aquel momento su mente estaba inundada de imágenes pasadas y recuerdos. Seis años pasaron de golpe ante ella, risas, juegos, comidas, riñas,… “Seis años” se repitió a sí misma. En todo ese tiempo muchos chicos habían salido y entrado en el Centro.
Recordó su primer día en el Centro, cuando no era más que una cría asustada que no entendía que le estaba sucediendo. Ahora sí lo comprendía, y pronto tendría enfrentarse a ello, esta vez sin casi ayuda.
El día a día había pasado muy lentamente, pero los años habían volado.

-¿No vienes?- le preguntó el muchacho apartando la mirada del televisor.
-No, no, gracias creo que me voy un rato con los “peques”.- Mintió ella volviendo a la realidad. Dicho esto, Nuria dio media vuelta y salió de la habitación. Recorrió los pasillos del Centro, y contempló como los niños jugaban y reían. Aquellos críos que apenas alcanzaban los ocho años de edad, y a pesar de su inocencia, y supuesta ignorancia, entendían, en cierto modo lo que ocurría su alrededor. Sabían que algo en sus vidas era diferente a la de los demás niños de su edad. Y eso en cierta medida, les marcaba. Nuria pensó en las miles de veces que había oído a la “gente normal” estereotipar a todos los niños que vivían en centros de menores. Mucha gente les tomaba por críos mal educados, ariscos e impulsivos. Pero ninguno se paraba a pensar en lo fuerte que eran aquellas criaturas, en su gran resistencia. Eran pequeños  “guerreros” valientes que luchaban incansablemente por sobrevivir en el arduo campo de batalla de la vida. Otros adultos en su lugar, se habrían venido abajo. Pero nadie se fijaba en la deslumbrante luz que brillaba en aquellos niños, si no en el oscuro ambiente que les rodeaba.

Nuria siguió avanzando y llegó hasta una pequeña salita en la que hacía unos meses había hablado con la sobrina de Marta, (una de las directoras del Centro), que estaba estudiando medicina. Casi no recordaba la conversación, pues apenas había durado quince minutos. Lo que si recordaba era lo ciega que estaba esa joven. Tenía una visón bastante limitada de la realidad, era realmente consciente de la pobreza y sufrimientos de otros países, (y estaba dispuesta a colaborar por su desarrollo), pero incapaz de ver la necesidad que había en su propio país, de lo mal que lo pasaba la gente que vivía a su alrededor.  Después de aquello, no había vuelto a saber nada de ella.

La joven continuó su camino por el Centro. Subió las escaleras y llegó a los dormitorios. Se apoyó en el marco de la puerta de la habitación y en esa postura contempló todas las camas, unas enfrente de otras. Sin duda echaría de menos dormir con gente alrededor. Echaría de menos todos y cada uno de los rincones de esa casa, y a todos los que en ella vivían.

****

Nuria sopló su decimoctava vela con lágrimas en los ojos, nunca había deseado tanto ser una niña pequeña como en aquel momento. Todos la felicitaron, Nuria abrazó a cada uno de sus compañeros, con un nudo en la garganta. El pequeño bizcocho casero de una de las coordinadoras, fue devorado por los más pequeños.
Y cuando dieron las doce, fue cuando Nuria recibió el regalo que su edad conllevaba, la libertad, con un precio muy alto para alguien como ella, la soledad. La joven hizo un soberano esfuerzo por no llorar. Su amigo Diego, cuyo tiempo en el Centro también estaba muy cerca de agotarse, la abrazó.

-No estarás sola, ¿lo sabes verdad? Yo pronto te seguiré y Marta te va ayudar. Todo irá bien.- Aseguró el muchacho.
Nuria asintió con un nudo en la garganta, y separándose de Diego se dirigió a los más pequeños. Se arrodillo ante ellos, y estos la rodearon con sus finos bracitos. “¿Quién os traerá ahora el chocolate que tanto os gusta?” Pensó apenada. Cuando consiguió deshacerse del abrazo de los niños, se despidió de los que durante seis años habían sido sus segundos padres. Acto seguido cogió las llaves que Marta le tendía, y recogió su maleta del suelo y avanzó hacia la puerta. Su tiempo en el Centro había terminado, y le dolía dejar todo atrás. Aún así Nuria sabía que era afortunada. Inspiró hondo y avanzó, y justo en el último instante se volvió para dar un último vistazo al Centro y, (en cierto modo), a su familia. “Volveré”, pensó mientras se alejaba”, pero la próxima vez será para dar, no para recibir”.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Cazadora III: Dejando los orígenes


Llevaba varios días vagando por los bosques del valle sin saber qué hacer, evitando cualquier encuentro con cualquier miembro de su antigua tribu.

Habían pasado ya cuatro meses y medio desde que había expulsado de la tribu de los Sheles.

Había sido muy duro estar sola y sin ayuda ninguna pero con esfurezo y pese a toso Shyanna, se había logrado organizar su nueva vida bastabte bien, de forma independiente. Había aplicando todo lo que había aprendido mientras había estado con su tribu. Había encontrado una pequeña cueva, resguardada del viento donde se había instalado y guardaba sus escasa pertenecias. Lo más dificil había sido cazar, durante las primeras semanas se alimentó solamente de lo que recolectaba. Pero las bayas no eran suficiente y la necesidad de comer agudizó no solo los sentido sin tambien la destreza de la joven y aprendió a usar el arco, y a los do meses no había animal que escapase de sus certeras flechas.

Pero ahora que había conseguido todo aquello no sabía qué hacer, se pasaba los días recorriendo el valle con una bolsa que ella misma se había confeccionado y en la que guardaba todo aquello que se encontrase. Recolectaba bayas y hierbas medicinales y cazaba para tener víveres para el ya cercano invierno, confeccionaba canastos y ropa de abrigo. Y ahora que ya tenía todo lo que necesitaba se aburría, pero sobretodo se sentía sola. Al principio la preocupación por sobrevivir la había mantenido ocupado, pero ahora...

Se sentó en una gran roca junto a un ruidoso arroyo y permaneció allí quieta y sin hacer nada, simplemente mirando el agua correr. De repente el crujido de una rama llamó su atención. Giró la cabeza en la dirección del ruido con la gracia y rapidez que lo haría una gacela. Y allí estab el causante de tdo aquello. Aquel gran lobo gria que casi cinco mese atrás había atacado su aldea.

Shyanna se incorporó en completo silencio. Y con con cuidad cogió su arco, colocó una de sus flechas en la cuerda, tensó y apuntó. Pero una suve brisa alertó al lobo de su presencia y cuando la joven lanzó la flecha el lobo ya la había visto y se apataba velozmente. Sin embargo Shyanna no se dio por vencida, no perdió un segundo y se lanzó en la persecución del lobo. Corrió por el bosque sin importarle las ramas que arañaban sin piedad su piel. Shyanna estaba decidida a dar caza aquel lobo, por él se encontraba en esta situación y no pensaba dejar las cosas así.

Corrió durante una hora, pero fue en vano el lobo había desaparecido. Furiosa consigo misma por no haber ido más rápida a la hora de dispara la flecha, la joven arrojó su arco al suelo con fuerza a la vez que profería un grito de frustación. Pero cuando se agachó para agacharlo escubrió algo que le hizo enfocar las cosas de un modo diferente. Allí, frente a ella se encontraban las huellas recientes del lobo. Podría rastrearlo. Sabía como hacerlo. No lo pensó dos veces, seguría aquel lobo hasta el final del mundo si hacía falta para poder acabar con él.

Los días siguientes se dedicó a seguir el rastro del lobo. De vez en cuando lo veía, pero demasiado lejos como para darle alcance con una flecha.

El animal se sentía cada vez más acorralado, sentía cómo alguien lo acechaba y el olor de ese ser era muy parecido a los de aquellos que hacía cinco mese por poco no acaban con él, y todo eso comenzaba a ponerlo nervioso. Con lo cual poco a poco el animal se fue replegando hacía las montañas donde esperaba encontrar la tranquilidad y seguridad que parecía no encontrar en el valle.

Shyanna no tardó en darse cuanta de aquel hecho, sin embargó sus ganas de acabar con aquel lobo flaquearon cuando descubrió hacia donde se dirigía el animal. Reflexionó sobre ello largo y tendido, ahora que nada la ataba al valle, no encontrab razón para no irse, pero por otra parte el invierno estaba próximo y en las montañas era extremadametne duro. Sin embargo si no lo seguía ahora, le perdería la pista y ya nunca lo encontraría. Con lo cual optó por no rendirse, seguiría a aquel animal hasta la montñas y más allá si hacía falta. Se negaba a renunciar a su cacería, porque en el fondo sabía que la caza la mantenía ocupada, y que si se rendía de nuevo la soledad la torturaría de nuevo.

Así que no lo pensó más, sin duda iría tras el lobo.




viernes, 21 de septiembre de 2012

El dibujo de la rosa

Bruno se levantaba todos los días de su vida con una sonrisa en la cara, una idea diferente cada vez y ganas de aprovechar al máximo cada minuto. Era un talentoso pero nada conocido pianista que tocaba en un café perdido entre las calles del Casco antiguo, pero no por ello menos acogedor.

Bruno vivía en un pequeño apartamento en mitad del centro histórico junto con su piano de cola y  su querido gato negro Notas. Aunque su gato nunca lo supo, por la simple razón que nunca se lo escuchó pronunciar a su dueño, porque Bruno era mudo.

Un día, Bruno salió temprano, como de costumbre, a dar su paseo matutino, (como trabajaba por las tardes-noches, por la mañana tenía mucho tiempo libre). Apenas había salido de su portal cuando se chocó con una despistada señorita que caminaba apresuradamente cargada con una carpeta llena de papeles, que cayó al suelo en el choque. Una lluvia de folios cayó sobre ambos. La chica apresuradamente se agachó a recoger sus cosas junto con Bruno. La chica se despidió con el con una rápido pero sincero "gracias". Bruno tan solo sonrió. Y vio como la chica desaparecía entre la gente. Cuando bajó la mirada vio que bajo sus pies se encontraba una de los papeles de la chica, lo cogió esperando encontrar números y letras sin sentido. pero para su sorpresa encontro el dibujo, (a carboncillo) de una rosa. Así que aquella joven se dedicaba al arte.
Echó a correr buscando a la chica, pero hacía rato que se había ido. Bruno volvió a mirar el dibujo, era toda una obra maestra. recordó a su autora. Una joven de su edad, aproximadamente, de pelo azabache recogido en un moño chienesco con unos mechones cayendo a ambos lados de su cara. Su sofisticado peinado estaba adornado con una pinza roja en forma de rosa.  Su piel clara y sus profundos ojos oscuros que brillabn como gotas de roció al amanecer. Su blusa blanca y su roja falda. Era tan guapa ojala, supiese su nombre, ojala la volviese a ver...


Al día siguiente volvió a salir temprano y se dirigió al parque de la Alcazaba.  Y ahí estaba ella sentada en una banco con su caracteristico recogido y carpeta de dibujos. Estaba pintando, concentrada en cada trazo que dada con su lapiz en cada rayo de luz que alumbrada lo que estuviese pintando.
Entonces se le ocurrió una idea, corrió a su casa, cogió el dibujo de la rosa y volvió al parque pero ella ya no estaba. Cabizbajo se dio la vuelta cuando su bombilla se iluminó de nuevo. Miró de nuevo el banco en el que la chica había estado sentada, después su dibujo y sonrió.

Bruno se levantó un poco más temprano esta vez bajó corriendo a la floristería que había en la calle paralela a su casa, commpró una rosa roja y volvió a su casa. Cogió el dibujo y se fue camino al parque. Dejó en el banco el dibujo y justo encima la rosa y se alejó de allí sin perder de vista el banco. Pocos minutos despues la misteriosa chica aparció a la misma hora que el día anterior y se sentó en el mismo banco. Fue entonces cuando se percató del regalo que alguien la había dejado. Cogío la rosa y se la acercó a al nariz para aspirar su aroma. Luego cogió el papel y al comprobar que este era su dibujo perdido sonrió. Miró a su alrededor, pero había varias personas, ¿quién se lo habría devuelto junto con el detalle de la flor? Decidió que no lo descubriría ese día y con una sonrisa en los labios abrió su cuaderno y comenzó a dibujar. Veinte minutos más tarde cerró su blog. Cogió su dibujo encontrado, su rosa y se marchó.
A los pocos segundos Bruno se leventó del banco desde el cual, fingiendo que leía el peródico, había observado a la joven artista. Sonriendo volvió a casa.

Repitió aquel "juego" durante los días siguientes. Cada mañana  se levantaba temprano, con alegría ilusión y una sonrisa en la cara. Compraba un rosa roja y la dejaba, siempre a la misma hora en el mismo banco en que su misteriosa dama pintaba. Él fingía leer el mismo periódico de siempre mientras observaba ensimismado pintar a la joven artista.
Y cada día al llegar a su casa tocaba una melodía nueva, inspirada por su misteriosa dama.


Habían trancurrido casi dos semanas desde que Bruno había comenzado a dejar rosas y a componer canciones a la artista, cuando decició dar un paso más. Esa maña se levantó más temprano de lo normal y con su pasmosa habilida con el piano, compuso una canción totalmente nueva, llena de sentimientos y sobre todo muy hermosa, a la joven artista. La grabó a fin de no olvidarla nunca y copió con mucho esmero cada nota en una hoja con pentagramas y con mano firme escribió el título :

  Te quiero.

Luego bajó a la floristería y compró la rosa roja más bella de la tienda. Volvió a su casa, recogió su
recién compuesta canción y el periódico de todos los días, y salió de nuevo, esta vez rumbo al parque de la Alcazaba. Con esmero, colocó en el banco de siempre la rosa y debajo de ella la canción. Y como siempre se sentó en un banco cercano al de la artista.
Puntual, llegó como siempre la joven, como siempre deslumbrante, en esta ocasión con un bonito vestido rojo. Sin embargo esta vez no se sentó, simplemente rcogió la rosa, aspiró su dulce aroma y buscó con la mirada a su admirador secreto. A Bruno le faltó valor para levantarse y dirigirse hacia ella. La joven bajó decepcionada la cabeza y se marchó. Le hubiese gustado saber quién era antes de irse. Bruno levantó la vista, y contempló extrañado como se iba su misteriosa joven. Giró la cabeza hacia el bancó y encontró la la última pieza del puzzle. ¡La canción se había volado y estaba ahora debajo del banco! Corrió a recogerla. Debía darsela a la artista ¿y si esa era la última vez que la veía? La vio a lo lejos. Le hubiese gustado llamarla pero de sobra sabía uqe jmás podría y corrió tras ella. Pero esta se perdió en tre la multitud. Buno no se detuvo seguió corriendo, llegó hasta la plaza de España pero nada. No había ni ratro de la joven. Con la cabeza gacha volvió sobre sus pasos. Estaba enfrete al portal de su casa, contempló su ventana abierta y al pequeño Notas juguetear con el casette. Se dio la vuelta una vez más esperando ver a aquella misteriosa chica, pero esta no apreció. Triste se dio la vulta y...¡PUFF!
Los dos cayeron al suelo. Bruno se llevó la mano a la cabeza, había sido un bueno golpe. Cuando abrió los ojos, vio lo que hacía unos segundos fue un preciosa rosa roja. Abrió mucho los ojos sorprendido y cogió la flor.
-Lo siento muho- se disculpó una suave voz. Bruno levantó la mirada y ahí estaba ella frente a él. Con una media sonrisa Bruno le entregó lo poco que quedaba de la flor. Entonces hubo un "click" en la cabeza de la joven y una deslumbrante sonrisa se dibujó en su rotro. Bruno se levanttó y le tendío la mano. Acto seguido le entregó el papel. Ella lo leyó y volvió a sonreir. Y movió las manos, de un modo que Bruno conocía muy bien, formando la respuesta que Bruno quería ver: "Y yo"
Tal vez fuera casualidad, tal vez no pero en ese momento Notas apretó el botón de Play y la canción de Bruno sonó una vez más.










lunes, 23 de julio de 2012

Cazadora II: Un nuevo comienzo

Shyana recogió sus escasa pertenencias y las depositó sobre una especie de mochila de piel que había confeccionada aquella misma tarde. Durante la noche mientras todos dormían, la joven se levantó de su camastro y se dirigió a las cabañas donde se guardaba todo el material. Pensó en coger una lanza, o un arco, pero pensó que robar aquello carecía de sentido, no podría esconderlo de no ninguna manera y sin duda se lo quitarían nada más verla. En su lugar cogió un cuchillo  piedras de yesca para hacer un fuego, cuerdas para colocar trampas y una aguja para poder confeccionarse algo de ropa de abrigo, aparte de su abrigo de piel, con lo que consiguiese cazar.

Cuando por fin salió el alba la aldea entera estaba despierta para despedir a Shyana.La joven avanzó entre la pasillo que los que un día fueron sus amigo formaban. El chamán de la tribu la detuvo un momento y en uno de los colgantes que llevaba, en aquel perteneciente a su tribu, colgó un nuevo amuleto, que representaba la culpa y la responsabilidad de los fallos cometidos. Llevaba su saco-mochila colgada en el hombro y avanzaba con fingida determinación. Temía lo que fuera a encontrarse ahí afuera, le daba miedo encontrarse sola, perderse, ser atacada por algún animal sin saber cómo defenderse, no encontrar comida también la preocupaba profundamente. Sin embargo también sentía rabia, dolor y un poco de odio hacia su tribu, no había pena ni consuelo en los ojos de ninguno de los presentes todos la miraban con indiferencia o como si fuera una desgracia que por fin desaparecía de sus vidas.
Shyana apretó los dientes e intentó no llorar. No les daría esa satisfacción. Buscó con la mirada a su amigo Rhis, pero no le encontró. No supo cómo tomarse eso.
Salió de la aldea y se internó en las lindes del bosque, intentando mantener la cabeza alta.
Entonces de entre los arbustos apareció Rhis, llevando su arco con él.
-¿Pensabas irte sin despedirte antes?- Shyana sintió como los ojos se le llenaban de lágrimas. Entonces Rhis avanzó hacia ella y la estrechó entre sus brazos. La chica lloró al fin. Ere el primer gesto de afecto que recibía desde "el incidente". Nadie se había parado a pensar cómo estaría ella. Nadie se había preguntado cómo los estaría pasando. La habían criticado y declarado culpable del destrozo causado por los lobos y nadie había mostrado la más mínima compasión.
-Lo siento- murmuró ella.
-A mí no me tienes que pedir perdón, tú no tienes la culpa de nada.
-Tengo miedo.-confesó ella.
-Lo sé, por eso te he traído algo,-se llevó la mano a la cabeza y acogió una de las plumas que llevaba prendida al pelo.-Toma, es una pluma de águila, mi espíritu. El águila es el guía, te ayudará a encontrar el camino correcto.-Shyana se sintió reacia a aceptarla, una pluma de águila era una de las posesiones más preciadas que podía tener un shele, aún así aceptó el regalo.
-También, como aún desconoces tu animal, te doy esto, dijo sacando de entre sus ropas un colmillo lleno de diversa runas, que pendía de una cuerda.-Es de un lobo,-explicó,-te traerá suerte. Tal vez te ayude a descubrir tu espíritu.
Acto seguido se lo puso a la muchacha.
-Y por último, te regalo mi arco, lo necesitarás si quieres comer.
-Pero, yo no sé utilizar el arco.
-Aprenderás, ya lo verás. y en cuanto a las flechas, no tienes que preocuparte, sabes como hacer más.
Con una sonrisa llena de agradecimiento  Shyana cogió el arco y el carcaj que el joven le tendía.
-Voy a echarte de menos,-aseguró ella volviéndolo a abrazar.
-Todo irá bien.
Y tras algunas palabras más de despedida, la joven emprendió su camino hacia su nueva vida. Un camino que desconocía y que le depararía infinitos peligros. Pero le daba igual, sabía que ya nada podía ir a peor, ya no tenía nada que perder. Se paró y miró por última vez el lugar en cual había vivido hasta la fecha. Una lágrimas corrió por su mejilla. Cerró los ojos con fuerza, tragó saliva y respiró hondo. Cuando abrió los ojos fijó la vista más allá de las cumbres nevadas que rodaban el valle y reanudó su marcha, dispuesta a enfrentarse a su destino, a encontrar su propio camino.

... continuará.