La vida tiene la inagotable capacidad de sorprendernos y de ponernos a prueba. Parece que todo es estable, que las cosas marchan aceptablemente bien y que la apacible rutina donde podemos planificarnos tranquilamente ha venido para quedarse. Pero cuando menos te lo esperas el viento cambia de dirección y las cosas dejan de ser cómo eran y de nuevo tienes que rehacer tu realidad, como cuando estás construyendo ese castillo de naipes y el viento te lo tira. Suspiras con resignación, con frustración o con sorpresa y de nuevo empiezas a colocar las cartas unas sobre otras. Malditos y benditos cambios. Por suerte casi siempre son para bien, aunque en un primer momento nos cueste verlo. ¿Mala suerte, buena suerte? ¿Quién sabe?
Sea como sea cada cierto tiempo la vida agita nuestro mundo y añade piedras, desviaciones, atajos, paradas, amigos y flores a nuestros caminos. Y claro que a veces tedioso tener que rehacer nuestra ruta una y otra vez, pero en el fondo es lo que hace que la vida no sea siempre igual, lo que le añade ese toque de color inesperado.
Todo era normal, todo iba según lo esperado. Los meses se estaban sucediendo como los años anteriores, las clases pasaban sin darnos cuenta, las vacaciones y los exámenes se acercaban,... Todo como siempre, pero de repente te cruzaste en mi camino. Por supuesto no estás a mi lado, la vida nunca me lo pone tan fácil. Y por caprichos de la vida tuve que aclarar y reordenar mis pensamientos intentando mantener la cabeza fría. Una tarea nada fácil porque tú, que siempre has sido una cara más del fondo que casi no veía, ahora pareces estar en todas partes. Y ahora busco excusas para encontrarnos que si me salen bien, tal vez parezca accidentales.
Pero por muy cerca que estuviese el fin de este año, resulta que la vida tenía reservada para mi una nueva sorpresa: un regalo totalmente inesperado y deseado. Justo cuando menos lo esperaba, en el momento más inoportuno del curso y de una forma que nunca hubiese imaginado, se presenta la oportunidad que llevo media vida esperando: un viaje a África.
Y así una vez más, esta vez entre maletas, billetes de avión y cientos de fotos, la vida cambió por completo mi aparentemente estable realidad.
Bienvenidos a este pequeño rincón de imaginación, magia y una pizca de locura. Para quienes se pregunten quién soy, soy una enamorada de la vida y la lectura, con mil sueños y delirios de escritora. ¿Qué vais a encontrar aquí? Todo lo que te puedes encontrar, precisamente, entre las páginas de un libro: historias, fotos, dibujos, recuerdos, reflexiones, susurros de otros tiempos, un poco de poesía, alguna sátira,… y, escondida entre las letras, un poco magia.
Así que no os quedéis en la portada, pasad y disfrutad de vuestro viaje por este mundo Entre las páginas de un libro.
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miércoles, 26 de diciembre de 2018
martes, 6 de marzo de 2018
Blanco y negro
Había pasado mucho tiempo desde el último enfrentamiento, tanto que ya nadie recordaba quién se había alzado con la victoria. Pero hoy aquel eterno enfrentamiento volvería a tener lugar. Los dos ejércitos se reunieron en
el campo de batalla. Uno a uno todos los componentes de ambos bandos fueron
llegando y formando filas. A un lado se encontraba el ejército Blanco, al otro el
Negro.
La batalla estaba a punto de comenzar una vez más. Entre las filas de ambos ejércitos podían percibirse las vibrante emociones que preceden a toda batalla, nerviosismo, miedo, inquietud, impaciencia,... y la determinación por librar una hermosa batalla que les lleve a victoria.
La batalla estaba a punto de comenzar una vez más. Entre las filas de ambos ejércitos podían percibirse las vibrante emociones que preceden a toda batalla, nerviosismo, miedo, inquietud, impaciencia,... y la determinación por librar una hermosa batalla que les lleve a victoria.
lunes, 30 de octubre de 2017
miércoles, 18 de octubre de 2017
sábado, 7 de octubre de 2017
martes, 3 de octubre de 2017
Una promesa a medias
- ¡NO! ¡No quiero irme! ¡MAMÁ!- la niña se soltó y corrió
hacia su madre, llorando.
- Ya lo hemos hablado, solo será por un tiempo. Luego volveremos a estar
juntas.- Contestó la madre tragándose su tristeza y componiendo una quebradiza
sonrisa.
- ¿Y papá también?
La imagen de su marido subiendo al camión junto a otros soldados volvió a su mente.
- Sólo si tú me prometes que volveremos a estar los tres juntos.
La madre se echó a llorar y abrazó a su hija con fuerza.
- Te lo prometo- sollozó, aunque sabía que esa sólo era una promesa a medias.
La madre observó a su hija alejarse hacia la seguridad en aquel tren con el corazón divido por segunda vez.
lunes, 18 de septiembre de 2017
El cuaderno viajero
(Aclaración por si acaso: un mes después de finalizar este pequeño relato, escribí una versión de este ligeramente diferente que presenté al Certamen de relatos breves de la Facultada de Medicina de la UNEX).
En el hospital se acumulan las horas. Eso lo sabe todo aquel que haya tenido que velar a un familiar o amigo enfermo. Las horas pasan lenta y perezosamente, convirtiéndose en días casi sin darnos cuenta. Pero el tiempo no pasa igual para todos. Hay muchos tipos de espera, la del enfermo que sabe que va a recuperarse, la del que espera poder recuperarse, la del que sabe que sólo queda esperar y la del acompañante que espera a que ocurra una de las 3 anteriores, con una mezcla miedo, esperanza, resignación, impotencia, aceptación a veces, y nerviosismo. Y entre esas 4, hay un sin fin se matices, teñidos con las emociones de aquellos que esperan.
En el hospital se acumulan las horas. Eso lo sabe todo aquel que haya tenido que velar a un familiar o amigo enfermo. Las horas pasan lenta y perezosamente, convirtiéndose en días casi sin darnos cuenta. Pero el tiempo no pasa igual para todos. Hay muchos tipos de espera, la del enfermo que sabe que va a recuperarse, la del que espera poder recuperarse, la del que sabe que sólo queda esperar y la del acompañante que espera a que ocurra una de las 3 anteriores, con una mezcla miedo, esperanza, resignación, impotencia, aceptación a veces, y nerviosismo. Y entre esas 4, hay un sin fin se matices, teñidos con las emociones de aquellos que esperan.
Y eso es lo que hace esa mujer, esperar.
Tal vez no la hayas visto cuando pasaste por el pasillo de la planta para
visitar a tu amigo o familiar enfermo. Es normal, casi no se la ve, está
sentada en una silla junto a la cama, esperando. ¿A qué? No lo sé, simplemente
espera. Y mientras, llena su espera con palabras que escribe lenta y
deliberadamente en un cuaderno de piel moientras la persona a la que vela
duerme. Escribe en su cuaderno, sin emoción
reconocible en el rostro, pero en su interior las emociones bullen con
intensidad. Alegría, tristeza, nostalgia, esperanza, resignación,
aceptación,... Los recuerdos de otros momentos también pasan ante sus ojos
colándose entre las emociones.
De vez en cuando y sin variar su
aparentemente inexpresión, mira a la persona dormida. A veces incluso le toca
brevemente la mano, para al poco tiempo, volver a su espera y a sus
palabras. Cada cierto tiempo llega alguien, que aligera
la espera y descongela el tiempo por unos momentos, para luego volver a la
lentitud inicial una vez que el visitante se ha ido. Entonces la mujer vuelve a
su espera.
Ya son las 8 de la
mañana y la mujer lleva toda la noche sentada en la misma silla, esperando.
Esperando y escribiendo. Ha costado unos minutos, pero por fin las enfermeras
la han convencido. Es hora de volver a casa y dormir en condiciones. Y hasta
entonces las enfermeras y médicos se ocuparán de la persona enferma.
"Váyase a casa unas horas y descanse. Si hay algún cambio la llamaremos". Le dice una enfermera, ya veterana. Así que la mujer recoge
las pocas cosas que ha traído consigo, su bolso, su botella de agua y su
cuaderno, y se marcha. Tal vez si no estuviese estado tan cansada se
habría dado cuenta de que justo en el momento en el que ha abierto la puerta
para salir del hospital, su precioso cuaderno se ha caído al suelo. Pero ha
sido una noche demasiado larga y ya apenas es capaz de mantener los ojos
abiertos.
* * *
Unos minutos más tarde, un médico
residente de digestivo saliente de guardia, sale del hospital con la cama como
destino. Abre la puerta de salida y al momento sus pies se encuentran con
un cuaderno de piel. Extrañado, lo recoge y mira a su alrededor, no hay nadie y
la recepción aún no ha abierto. Así que se encoge de hombros, se lo mete bajo
el brazo y sigue andando. Mañana lo devolverá a Objetos Perdidos, ahora está
tan cansado que duda encontrar Objetos Perdidos.
El joven se mete en el metro y se sienta en uno de los asientos a esperar al tren. "10 minutos para el próximo tren",
rezaba el panel informativo. El joven residente suspira con resignación.
Entonces el joven fija su atención en el cuaderno que acaba de encontrar. Es un
cuaderno simple y a la vez muy bonito, de media cuartilla de tamaño y con
las tapas forradas en piel oscura, casi negra. Apenas tiene unas páginas
escritas, 10 como mucho. Las esquinas están reforzadas
con un metal dorado grabado con delicadas filigranas. El lomo presenta un par
de líneas ligeramente hondadas en la piel, de medio centímetro de ancho, una
arriba y otra abajo. La tapa de delante tiene como única decoración el contorno
dorado de un rectángulo. Por detrás es totalmente liso.
Lo sostiene entre sus mano, preguntándose
de quién será, qué habrá escrito en él. En la tapa no pone nada, ni nombre ni
ninguna otra cosa que pudiese aportar ninguna información sobre su
contenido. La curiosidad va aumentando. Sus manos titubean, y el joven
mira indeciso la tapa, sin saber si abrir o no el cuaderno. No debería...
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