Bienvenidos a este pequeño rincón de imaginación, magia y una pizca de locura. Para quienes se pregunten quién soy, soy una enamorada de la vida y la lectura, con mil sueños y delirios de escritora. ¿Qué vais a encontrar aquí? Todo lo que te puedes encontrar, precisamente, entre las páginas de un libro: historias, fotos, dibujos, recuerdos, reflexiones, susurros de otros tiempos, un poco de poesía, alguna sátira,… y, escondida entre las letras, un poco magia.

Así que no os quedéis en la portada, pasad y disfrutad de vuestro viaje por este mundo Entre las páginas de un libro.


martes, 17 de abril de 2012

Tiempo

Parémonos a pensar solo por un momento. Miremos a nuestro alrededor, ignoremos todas y cada una de las conversaciones que están teniendo lugar a nuestro alrededor. Escuchad vuestro corazón latir dentro de vuestro pecho.

Todo ha pasado muy deprisa y ni siquiera nos hemos dado cuenta. Estamos inmersos en nuestra rutina, en la velocidad de nuestro día a día. Vamos de aquí para allá desde que nos despertamos hasta la hora de dormir. No paramos en ningún momento a pensar que ya ha pasado. Seguramente aún no seáis conscientes de ello, pero estamos ya en el 2012, (y ahora seguramente pensareis que me he vuelto loca, ¡cómo no vais a saber el año en el que estamos! Pero no, no habéis entendido nada, no veis lo que quiero decir). No os dais cuenta que todo ya ha pasado, que hace muy poco éramos simples niños que jugaban a ser mayores, y ahora que ya lo somos no nos hemos dado cuenta. Hace sólo unos meses estábamos en el 2011, y todo lo que hoy estamos viviendo se nos antojaba muy lejano, pero no era así, esos momentos ya han llegado, y algunos ya se han ido.

Apenas hemos sido cocientes del paso de los años, y ahora miramos atrás con añoranza pensando en los tiempos pasados, arrepintiéndonos de no haber podido disfrutarlos más, y mientras desperdiciamos el tiempo presente.

Y seguramente, tampoco os habéis fijado del todo que ese futuro con el que soñábamos ya ha llegado y ya se está yendo sin que nos demos cuanta, porque estamos demasiado ocupados pensando ya qué haremos en un futuro, soñando con que llegue el fin de semana, las vacaciones, ... Demasiado ocupados mirando nuestras agendas e intentando organizar momentos que aún no han llegado en vez de vivir los momentos de hoy.  Sin apreciar esa sonrisa que nos brinda un amigo al vernos llegar a clase, o al trabajo,... o de esa mariposa que ha pasado por tu lado anunciándote que la primavera ya está aquí, exhibiendo sus mejores galas, solo para nosotros. Pero estamos demasiado ocupados para fijarnos.

Pero sigue ahí, por si decidimos cambiar de idea, cerrar nuestra agenda y tumbarnos a disfrutar del día o salir ala calle a ver qué hay de nuevo.

El pasado es historia,
            el futuro aún es un misterio,
                                     el presente es un regalo.

miércoles, 4 de abril de 2012

El pintor de almas (IV)

A continuación Laurien sacó con parsimonia, una bonita daga de debajo de su corpiño, y se quedó contemplándola durante un par de segundos y se la entregó al guardia que tenía cogida a Iris. Esta intentó zafarse de él, pero este la sujetó con más fuerza.
-¿Harás ahora lo que te pida?-preguntó Laurien con fingida inocencia. Ángelo miró a Iris que temblaba de puro terror y le miraba suplicante.
Ángelo estaba entre la espada y la pared. Al no oír respuesta, Laurien hizo una señal al guardia y este colocó la daga sobre el cuallo de Iris, provocándole un incisura de la que pronto brotó un hilillo de sangre.
-¿Harás lo que te he pedido?-repitió la reina.
-¡De acuerdo! Lo intentaré-dijo el pintor. Pero al coger el pincel, el bello rostro de Laurien desapareció, y en su lugar apareció un monstruo. Temblando alzó la mano y comenzó a pintar. pero fue inútil, no podía más que pintar el alma de la reina, no su aspecto. Ángelo dejó caer el pincel de sus manos al terminar el boceto, y la reina aulló de ira y humillación al verlo.-Lo siento, no puedo hacer lo que me pedis-murmuró él. Pero laurien no le escuchó y gritó al guardia:
-¡Mátala!
-¡No por favor...!- exclamó Ángelo. pero ya era demasiado tarde. El guardia había hundido la daga en el corazón de un sorprendida Iris, que que se desplomaba ya sobre el suelo. Ángelo la recogió del suelo y la acunó en us brazós. Tenía los ojos llorosos.
-Lo siento, perdoname.-Le susurró con la vos rota. Iris sin embargo le sonrió con ternura. En sus ojos había miedo y dolor si, pero también amor y perdón. Intentó articular unas últimas palabras, pero la frase murió en sus labios, e Iris cerró los ojos para siempre.Ángelo cerró los párpados con fuerza, dejando que un par de lágrimas rodasen por sus mejillas minetras abrazaba el inmóvil cuerpo de su queridísima Iris.
Laurien comtemplaba impasible la escena.
-Nada de esto habría pasado si me hubieses obedecido desde un rpincipio. Era mi mejor costurera-comentó con indiferencia. Ángelo se levantó de golpe y se avalanzó contra ella. Pero antes de que pudiese alcanzar el cuarpo de la reina, el guardia le retuvo.-Encerradle-ordenó- Mañana volverás a intentarlo, y por tu bien, que esta vez salga como yo espero.


Ángelo fue llevado a una oscura y húmeda celda, donde se vio obligado a pasar la noche. Esta no estaba cerrada con llave, y podçía salir de ella cuando "quisiese", pero por mucho que lo inetara el pintor nunca podría salir del palacio. Todas y cada una de sus salidas estaban custodiadas por varios centinelas.
Se sentó en una esquina y lamentó con toda su alma la muerte de Iris. El simple hecho de recodar cómo era en verdad la joven le hacía daño. Tal vez, si no hubiese aceptado el cargo desde un principio, tal vez, solo tal vez esto no habría ocurrido. Pero ahora era demasiado tarde para lamentarse. Ángelo sabía perfectamente lo que ocurriría mañana. Y sabía que no podría hacer nada para evitarlo, sin embargo no pensaba dejar las cosas así.
En medio de la noche Ángelo se despertó, y sigiloso como una sombra y ágil como una gato salió de su celda y fue directo a los que habían sido sus aposentos. de allí tan solo cogió una cosa su pincel.
Evitó todas las miradas de los adormilados guardias. Pasó por delante de la habitación de la reina, apenas se paró unos minutos frente a ella.
-Pronto Laurien, muy pronto, tendrás tu retrato- prometió en voz baja.- Y será para siempre.
Por fin llegó a su destino, el salón con los cuadros de la reina. No se fijó en ninguno de ellos, fue directo a su objetivo, el espejo de la reina.. Y con su pincel trazó unos suaves y sutiles dibujos a lo largo de todo el marco, sin tocar la superficie reflectante. Cuando terminó contempló su apenas visible obra y tan rápido y silencioso como había llegado, volvió a su celda.

A la mañama siguente dos guardias fueron abuscarle. Lo encontraron donde la noche anterior lo habían dejado, en una esquina de la celda. Fue llevado ante la reina que le esperaba en la habitación dónde había realizado los otros dos cuadros.
-Puedes empezar-ordenó Laurien. Ángelo esbozó una siniestra sonrisa y comenzó su íltimo cuadro. Era como todos los anteriores, en él aparecía el mismo mostruo oscuro y siniestro, aunque esta vez parecía que la reina estaba mucho más horrible que en los anteriores. Ángélo se apartó satisfecho y dejó que Laurien obsevase su obra. La reina enloqueció de ira arranca la tela del caballete y la rompe. Acto seguido hace una señal alos guardias que se encontraban detrás de Ángelo, y uno de estos con un rápido movimineto desenvaina su espada y mata al pintor. Ángelo no deja de sonreír, lo que hace que la reina se enfade todavía más. Y con su último aliento, Ángelo pronuncia el nombre de la persona más bella que conoció y a la que más quiso.
Iris.

La reina salió de aquella habitación indignada y se fue al salón donde guardaba todos sus retratos. Entró y sacó de un bolsillo el retrato de Iris. Lo miró con rabia e intentó romperlo como había hecho con el suyo. Pero fue incapaz. Asi que con desdén, lo tiró al suelo. Avanzó majestuosa hacia el espejo y al alzar la mirada para verse reflejada en el profirió un grito lleno de terror y rabia. Ante ella se econtraba el reflejo de su alma. Tal y como Ángelo la dibujaba.

                                                      . . .

martes, 3 de abril de 2012

El pintor de almas (III)

Entonces, Ángelo apareció de detrás de unos arbustos. Lleavaba su su bata para pintar y lucía su característica sonrisa. Iris frunció el ceño y ladeó la cabeza al ver el caballate tras él.
-No irás a...
-Sí-cortó él, y antes de que ella retrocediese, la cogió del brazo y la atrajo hacia si, impidiéndole que escapase.-No, no, tú te quedas aquí, sin excusas.- Y la llevó hasta un cercano banco de granito. Mientras, Iris reía nerviosamente.
-Esta bien-dijo entre risitas,-¿cómo me pongo?
-Me da igual, no tiens por qué estar completamente quieta, tú solo mírame a los ojos.-Dijo Ángelo cogiendo su pincel, y se aproximó al caballete. Alzó la mirada, miró a Iris, esta vez con el pincel, Y se quedó sin aliento. Ante él se alzaba la criatura más bella que había visto, y seguramente la más hermosa del mundo. Era pura y luminiosa. Transmitía una agradable sensación de paz y cariño. Resplandecía con un suave halo de dulzura su alrededor. Era tan preciosa, podría haberse quedado el resto de su vida contemplándola. Así que así era Iris, se había imaginado cómo sería su alma, tenía una cierta idea de cómo podría ser, pero aquella idea no se aproximaba ni de lejos a la realidad.
-¿Pasa algo?-preguntó ella. Ángelo negó con la cabeza volviendo a la Tierra. Alzó el pincel y lo deslizó sobre el lienzo.

Tardó solo unpa r de días en terminarlo. No solo poruqe era mucho más pequeño, sino porque Ángelo trabajaba con más ganas y ahínco. Cundo lo hubo terminado se lo mostró a Iris.
-Pero...pero,... yo no... yo no soy así. Yo no soy tan...guapa-dijo rozando la obra con la punta de los dedos.
-Lo ers, mucho más, créeme cuando te digo que lo que he pintado no es ni la mitad de lo que ers en realidad. Dentro de ti hay mucho más de lo que conoces.-Dijo él. Ella alzó la cabeza y le miró a los ojos, y le sonrió de aquella manera que a Ángelo tanto le gustaba. Sus ojos brillaban y transmitían tantas cosas y tan hermosas que a Ángelo esta vez no le hizo falta el pincel para dislumbrar el verdadero aspecto de la joven. Alzó una mano y le acarició con suavidad la mejilla. Iris cerró los ojos para disfrutar de la sensación.

Acordaron que, por precaución, Ángelo se quedaríapor el momento el cuadro, para evitar que Laurien lo descubriese. Pero sus buenas intenciones e ideas no podrían evitar lo que se avecinaba. Ingenuos. Pobres, inocentes, si no se tratase de Laurien , si no fuera por tantas cosas...

Todo se descadenó una tarde de primavera durante el descanso de Ángelo, que supuestamente, llevaba tres semanas trabajando en el retrato de Laurien, mientras estaba sentado en su taburete observando el retrato de Iris con el de la reina detrás suya, cubierto por una corina blanca. Laurien volvió a la sala antes de lo previtó y descubrió a Ángelo con el cuadro de Iris en las manos.
-¡¿Qué es esto?!-exigió saber, arrebatando la puntura de las manos del pintor. Al verlo de cerca enfureció enseguida. Ángelo se levantó y retrocedió intmidaso por la abrasadora mirada de la reina, temeroso de su ira.-¡¿Cómo?!-Laurien avanzó hasta lo que debía ser su retrato y lo descubrió. Se quedó quieta unos segundos observando el lienzó, antes de tomar aire y explotar como un volcán. El cuadro, como era de suponer, aún no estaba terminado, pero lo que se veía era oscuro y siniestro, horrible. Sguía siendo como el retrato de un mostruo. Cundo la reina se recompuso dijo:
-No quieres obedecerme por als buenas, pues será por las malas.-Acto seguido gritó:- ¡¡Traedme a Iris!! ¡¡Y un nuevo lienzo!! ¡¡Ahora!!
-¿Qué? ¡No! Dejadla a ella, no tien nada que ver con esto- protestó Ángelo enseguida.
-Si  loq ue necesitas es inspiración, la tendrás- continuó como si no hubiese escuchado. Enseguida el cuadro sin terminar fue sustituido por un nuvo y blanco liezo e Iris apareció en al habitación escoltada por un hormbre de cuero negro, que seguramente fuese un guardia. Iris y Ángelo intercambiaron una mirada llena de incertidumbre y miedo.

viernes, 30 de marzo de 2012

El pintor de almas (II)

Laurien estaba furiosa, se sentía humillada. Y se comportaba de manera arisca con todos a su alrededor.
Pero había sido indulgente con Ángelo y le había dado una segunda y última oportunidad y le había recomendado, por su bien, hacerlo bien esta vez. Había quemado el horroroso retrato que le había hecho y habían comenzado de nuevo. Esta vez Ángelo alargó mucho el proceso, pintaba muy de vez en cuando y muy lentamente. Pero la reina comenzaba a impacientarse.
Iris tenía razón no debía haberla pintado tendría que haber reusado de hacerlo caundo la había visto por dentro. Tenía que encontrar una solución al problema al que se enfrentaba. Pero no sabía qué hacer, por lo tanto decicdió preguntarle a Iris.
-Te lo advertí-le respondió cuando él le hubo terminado de plantear su problema.- Te dije que la pintases de modo que saliese favorecida, pero no me escuchaste. Entioendo que no te caiga en gracia, ¿pero crees que a los demás sí? Para nada, todos se dejaban el alma en pintarla lo mejor posible. Ya te lo dieje en su momento, Laurien es muy altiva y orgullosa, no admite errores. Tiena mucho poder y no duda en castigar a aquellos que no cumplen sus órdenes. Pero, has tenido suerte, te ha dado otra oportunidad y eso no es algo que haga con mucha frecuncia, créeme. Asi que te recominedo que la pintes bonita y salgas de aquí caunto antes.
-No lo entiendes-murmuró él.
-¿Pero que es lo hay que entender, Ángelo? Eres un pintor ¿no?, pues píntala tal y como es y punto.
-¡Ése es el problema? Que solo la puedo pintar tal y como es. Te lo explicaré-dijo al ver la cara de incomprensión de Iris- cada vez que cojo el pincel, dejo de ver como haces tu y el resto del mundo. Cunado cojo el pincel, veo más allá, mucho más allá. Veo cómo son las personas por dentro, veo sus almas. No puedo pintar otra cosa porque eso, es lo único que veo cada vez que cojo un pincel.
-Te has vuelto loco- dijo ella ante aquella descabellada explicación.
-Sabía que no me creerías-dijo él esbozando una cansada sonrisa.- Nadie lo cree nunca.
-Porque es imposible que puedas hacer algo así-replicó la criada.
-¿Por qué es imposible?- le preguntó enarcando una ceja.- No, de verdad piénsalo, ¡por qué iba yo a decir tal cosa?, ¿no crees que de poder la pintaría como es físicamente y me largaría de aquí, en vez de inventarme todoa esta historia?-Iris permaneció callada, sin saber que decir.- Va de jalo, no merece la pena. Ya me la arreglaré yo solito-dijo dándose madia vulta y echando a andar.
-¡Espera!- Lo retuvo Iris- supongamos que te creo, supongamos que todo lo que me has dicho es verdad, ¿en qué te puedo ayudar yo? Yo no sé pintar. Sólo te piedo dar más tiempo.
-Con eso será suficinte, gracias- le agredeció. Por toda respuesta Iris le dedicó una encantadora sonrisa.

Gracias Iris, Ángelo ganó tiempo. Ambos hacían todo lo posible tanto para mantener ocupada a Laurien como para evitar que se encontrase con Ángelo. Se pasaban el día de un lado para otro, rehuyendo a al reina, escondiendo los materiales del propio Ángelo para que este no pudiese pintar. Ambos sabíanq ue no podrían mantener aquella treta por simpre, pero habría que hacer todo lo posible porque durara el máximo tiempo posible.
A fuerza de pasar tato tiempo juntos, Ángelo e Iris acabaron por hacerse muy buenos amigos. Y hacía varios días que Ángelo intuía cómo podría ser el alma de la chica. Pero la verdad es que no se necesitaba ningún poder especial para ver la bondad de Iris.
Un día Ángelo decicdió poner en práctca una idea que le llevaba rondando varios días por la cabeza.
-Iris, quiero que mañana vengas antes a palacio, poco después del amanecer.
-¿Mañana?-preguntó extrañada- pero, mañana es domingo, Laurien no se despierta hasta que el sol está en lo alto del cielo, mañana podemos relajarnos un poco.-él sacudió la cabeza y la sonrió enigmaticamente.
-Tu ven, te esperaré en ela jardín, junto a los bancos de piedra.-dicho esto, se dio media vuelta y se marchó. iris se encogió de hombros.
-Vale-dijo para sí.


Hacía tan solo unos minutos que había amanecido cuando Iris llegó al lugar indicado por Ángelo.
...

sábado, 24 de marzo de 2012

El pintor de almas

(Este relato, con sus cuatro capítulos han sido enviados a la Antología Solidaria Masqueunahsitoria, razón por la cual no será posible acceder a ellos durante un tiempo).


Ángelo era un excelente pintor a pesar de ser bastante joven. Pintaba como nadie más lo hacía. Era conocido en toda la comarca. Sus cuadros no tenían comparación. Y lo que hacía que Ángelo fuese diferente de todo los demás artistas de su época no era su estilo, ni su forma de pintar, ni la técnica que utilizaba, sino su increíble capacidad para pintar a alguien tal y como era por dentro. Sí, Ángelo era capaz de pintar el alma de las personas.

El por qué de este extraño "don" nadie lo sabía con certeza. Había quien decía que el día de su nacimiento, Karishia, la musa del arte, le había tocado con su etérea mano otorgándole así dicha gracia. Fuera como fuere Ángelo era capaz de cautivar a la gente con sus obras.

Acudía gente de todos los países para pedirle un retrato.
Su fama llegó a los oídos de la mismísima reina Laurien. Una hermosa y presumida joven a la que le encantaba coleccionar retratos suyos. Todos los cuadros los guardaba en un gran salón. Laurien estaba obsesionada con no envejecer y con que la gente la recordara así como era en ese momento, hermosa y joven. Y teniendo retratos de todos los pintores conocidos de la época, el cuadro de un pintor de tanto prestigio y fama como era Ángelo, no podía faltar.


El pintor fue hecho llamar por la reina y llevado ante ella. Cuando Ángelo llegó a la corte quedó impresionada por todo el lujo que lo rodeaba. Pero la mayor sorpresa fue cuando vio a Laurien. Era la mujer más bella que había visto nunca. Su cabello eran finas hebras de oro que descendían suavemente por su espalda en delicados bucles. Sus ojos, relucientes esmeraldas, chispeaban a la luz del sol. Su tez azucena y sus labios rojos como la sangre hacían de la joven el ser más hermoso de todo el país.

-Os hecho llamar porque como supondréis, quiero que me retratéis- habló la reina con su dulce y aterciopelada voz- y si vuestro cuadro me complace, este será colocado en el salón que tengo reservado para todos mis retratos y vos seréis cubierto oro. Acompañadme y os mostraré mi colección- dijo Laurien poniendo se en marcha e invitando a Ángelo que la siguiese con un majestuoso gesto de su delicada mano. Él la siguió aún turbado por su belleza. Mientras caminaban hacia el salón de los retratos, se cruzaron con una de las criadas de la reina, que al ver a su señora, hizo una profunda reverencia.
-Mi señora-la saludó la muchacha. La reina ni siquiera la miró, pero al pasar por su lado se recogió el vestido para que este no tocara al joven criada. Esta bajó la cabeza avergonzada. Ángelo que había contemplado la escena frunció el ceño, tal vez Laurien no fuese tan bella como parecía.

La criada volvió a inclinarse al ver a Ángelo, pero este la sujetó e impidió que se agachase.
-A mi no hace falta que me trates con tanto respeto.-dijo con una sonrisa-soy Ángelo.
-Soy...
-¡¡¡Iris!!!-gritó la reina desde el final del pasillo-¿ya has acabado todas tus tareas?-Iris se separó del pintor rápidamente.
-Lo siento tengo que irme-dijo precipitadamente mientras desaparecía entre el laberinto de puertas y pasillos. Ángelo la miró marcharse negando con la cabeza.
-¿Me acompañáis?-preguntó Laurien. Por toda respuesta Ángelo anduvo hasta colocarse junto a ella.
Por fin llegaron al salón destinados a los retratos de la reina, que se encontraba al lado de su dormitorio. Ángelo contempló boquiabierto el lugar estaba ricamente decorado, aunque resultaba un poco extraño ver tantos cuadros de la misma persona. Sin embargo todos ellos eran preciosos.

En el centro de la estancia había un bonito espejo en el que Laurien ya se estaba mirando. El marco era de oro y tenía alguna esmeralda adornando las esquinas.
-Podéis empezar mañana-le dijo Laurien al pintor sin dejar de mirarse al espejo.-Ahora os podéis retirar, Iris os mostrará la habitación en la que os quedareís. ¡Iris!-gritó la reina. En cuanto la joven llegó le dijo lo que debía hacer. Ella asintió con una reverencia e invitó a Ángelo a que la acompañase.
-Y dime- le preguntó Ángelo una vez hubieron abandonado el salón,-¿cómo es la reina?- Ante aquella pregunta la joven criada tomó aire y miró en todas direcciones como si temiese que alguien la estuviese escuchando.
-La señora es alguien muy... particular.
-No os trata bien ¿me equivoco?- Ella asintió imperceptiblemente.
-Pero ella es la reina y nosotras las criadas, no hay elección.
-No tiene porque ser así,-dijo él.
-Ya hemos llegado- anunció, evitando así contestar.- Si necesitáis...perdón necesitas-dijo con una tímida sonrisa ante su mirada de "reproche"- llámame a mi o a cualquiera de mis compañeros.- Y dicho esto Ángelo se metió en sus aposentos e Iris se marchó.

Antes de dormirse, Ángelo estuvo reflexionando. Iris no era tan bella como la reina y sin embargo parecía mucha mejor persona que Laurien. Iris tenía el pelo color azabache y ojos oscuros, no luminosos como los de Laurien, tampoco tenía la bonita figura de la reina ni su voz era tan suave, pero daba la impresión de que Iris tenía un alma mucho más pura que Laurien.


Al día siguiente Ángelo comenzó su trabajo. Pidió que la reina se presentase ante él para comenzar a pintarla. Pasaron, sin embargo unos largos minutos antes de que Laurien presentase. Y mientras el pintor esperaba apareció de nuevo Iris.
-Buenos días señ... Ángelo-le saludó ella recordando la petición que le hizo el pintor el día anterior.
-Hola Iris, es agradable ver una cara relativamente conocida, desde que me he despertado no he visto más que extraños-sonrió. Por su parte Iris bajó la cabeza reprimiendo una sonrisa.
-¿Te apetece algo para desayunar? Voy a bajar ahora a la cocina, por si...
-No hace falta gracias-respondió él con una radiante sonrisa.- De momento estoy bien.
-Bueno, en ese caso....
-Iris-la cortó de nuevo él. Ella dio un respingo- Sé que tienes prisa, pero necesito que me digas qué opinas de Laurien.
-Pues... ella es hermosa, salta a la vista, ¿no crees?
-Sabes que no me refiero a eso, quiero que me digas como es, como persona.
-Buenoo... pues... ella es... una buena reina...
-Sé sincera-le pidió él- no se lo diré a nadie.
-Como una ogresa. -Dijo sorprendida de haber dicho tal cosa. Miró a todos lados temiendo haber sido escuchada.- Por fuera es hermosa, pero... es arrogante, exigente y muy puntillosa. Por tu bien, píntala de manera que salga favorecida,-lo advirtió.
-¡Iris!-dijo un voz desde el pasillo.- ¿se puede saber qué haces todavía aquí? He mando a Catalina a buscarte, aún no habéis terminado mi vestido rojo. -La recordó con dureza.
-Lo siento señora -respondió Iris bajando la cabeza haciendo una reverencia.- Yo...
-Lo quiero para hoy, ¿me has escuchado?- la advirtió. Iris se quedó callada con la cabeza baja- Mírame cuando te hable, - dijo, la joven levantó la cabeza- ¿Me has oído? ¡Contesta!
-Sí señora-contestó ella temblando como un flan.
-Entonces, a ¿qué esperas? ¡Largo!- Iris salió de allí rápidamente.

Ángelo que había estado observando la escena sin intervenir, negó con la cabeza.
-Bien ya estamos solos, puede usted empezar- ordenó la reina. Y se fue a clocar en su posición. Ángelo encaró su caballete y miró el blanco lienzo, y luego la figura de la reina que debía plasmar en la tela. Cogió el pincel y volvió a mirarla. Entonces ahogó una expresión. Toda la belleza había desaparecido del cuerpo de la reina. En el lugar de una bella joven, se alzaba una horrenda criatura con una silueta humanoide, pero infinitamente más feo que cualquier ser humano.
-¿Ocurre algo?-exigió saber la reina. Ángelo negó con la cabeza.- Bien pues ¿a qué estás esperando?
Ángelo cogió aire, mojó el pincel en pintura, y lo deslizó sobre el lienzo.

Tardó varios días en terminar el cuadro, la reina esperaba impaciente, Iris esperaba que fuera del agrado de la reina y Ángelo, simplemente esperaba terminar cuanto antes para poder salir de allí. Por fin llegó el día en el que el cuadro estuvo finalizado, pero todos hubiesen deseado que este no hubiese llegado nunca.

Cuando Ángelo levantó la tela que cubría su obra estaban presentes, Laurien, él e Iris, que por petición de Ángelo había acudido y que permanecía escondida entre las sombras. La reina profirió un grito de estupefacción y horror al ver su retrato, y la bandeja que sostenía Iris cayó al suelo con gran estrépito. Laurien ni se percató del ruido ni de lo que Iris acababa de hacer. No daba crédito a sus ojos.
-¡¿Qué es esto'!- exigió saber, sin poder reprimir su enfado.
-Vuestro retrato.- contestó Ángelo con total tranquilidad, desafiándola.
-Exijo una explicación.
-No hay ninguna explicación valida, señora, vos sois así.
-Por vuestro bien espero qué arregléis esto.-Y dicho eso salió furiosa de la habitación. Una vez se hubo marchado Iris salió de su escondite.
-Pero Ángelo, ¿qué has hecho?-dijo desolada.- No sabes dónde te has metido, ¿por qué lo has hecho?

-Tranquila, todo irá bien-contestó él. Pero nada estaba más lejos de la realidad.


martes, 6 de marzo de 2012

¿Qué son las estrellas?

¿Qué son las estrellas?, se preguntaba la pequeña Sarah ¿Cómo era posible que en pleno 2090 nadie supiese nada de ellas? ¿Por qué nadie sabía contestar a una pregunta tan sencilla? Todos le contestaban cosas diferente y sin sentido alguno.
-Las estrellas,... son objetos astronómicos que... brillan con luz propia y que están muy, muy lejos de la Tierra.-Había explicado George, su profesor.
-Son bolas brillantes que llenaban el cielo cada noche, pero hace varios años que nadie ve una, algunos dicen que ni existen.- Le había dicho su vecino.
-¿Las estrellas?... ¡Aaaah!... Ya me acuerdo. Hace unos años vi alguna cuando fui al campo de mi abuela. Son luciérnagas que se quedaron pegadas hace tiempo en el cielo pero como eso pasó hace mucho tiempo se han ido cayendo y por eso ahora ya no hay ninguna.-Le explicó un compañero de clase.
-Pues,...serán el reflejo de las luces de la ciudad- le había contestado su hermana mayor, sin mucha convicción.
-No, me llamo Isabelle, no Estella-dijo una compañera de clase, que había escuchado mal la pregunta y había entendido que su amiga le había preguntado si se llamaba Estrella.

No, nadie sabía responder a su pregunta. Había llegado ala conclusión de que si quería averiguar que era una estrella tendría que averiguarlo ella misma. Así que cuando llegó a su casa cogió su mochila rosa y metió un par de guantes, una bufanda y su muñeca favorita. Se puso su chubasquero amarillo de patitos, su botas de agua y se plantó en la cocina con expresión resuelta y decidida.
-Mamá- dijo con su aguda vocecita- mamá, me voy a buscar estrellas.
-Vale cariño, pero no tardes que enseguida comemos.-Dijo de forma distraída y sin mirarla..
 Y Sarah se dirigió a la entrada. Estaba delante de la puerta de la calle, cogió aire, se puso de puntillas agarró el pomo y...
-¡Pero qué haces!-chilló su madre detrás de ella, apartándola de la puerta.-¿Se puede saber qué pretendías hacer?
-Ya te lo he dicho mamá, ir a buscar estrellas. Y me has dicho que no tardese mucho porque teníamos que comer así que...
-¡Pero qué estás diciendo! ¡Buscar estrellas! ¡Si ni siquiera sabes lo que son!
-Por eso me iba a a buscarlas, para ver qué son.-Explicó la niña con inocencia. La madre inspiró una, dos veces.
-Vete a tu cuarto y que sea la última vez que hace esto. Vamos hombre, ¡Una cría de cuatro años!Buscando estrellas ¡por Manhattan!, lo que me quedaba por ver.
Sarah meneó la cabeza con desaprobación, "Mayores"- se dijo. No les entendía nunca,  había pedido permiso para ir a buscar estrellas, y su madre había dicho claramente "vale" ¿por qué entonces se enfadaba tanto?

Pasaron las semanas y los meses, y por fin llegó el verano. El calor era insoportable en la gran cuidad.
Más de una vez, Sarah se había preguntado por qué narices nadie quitaba la calefacción de la cuidad si el invierno ya había pasado. No entendía por qué en invierno, que hace frío, ponen el aire acondicionado y en verano cuando hace calor conectan en la cuida la calefacción.
La familia de Sarah tenía pensado pasar el mes de agosto en Vancuver. En una casa rural a las afueras de la cuidad, muy, muy lejos de la urbe y celebrar allí el cumpleaños de la pequeña Sarah. Lo cual para la hermana mayor de Sarah, Ashley, era un fastidio, pero el resto de la familia era el plan perfecto para las vacaciones.

Llegaron a la casa que habían alquilado, el día de su cumpleaños justo a tiempo para el atardecer. ¡Qué luz tan bonita!  ¡Qué colores tan bonitos tenía el cielo!
-Mamá, mira-  la llamó Sarah- ¡las nubes son naranjas!
-Ahora no puedo estoy preparando tu sorpresa. Te va a encantar.
-Ashley ven, te va a encantar, es mejor que los dibujos de la tele.- volvió a llamar la niña.
-Sarah déjame, estoy hablando por teléfono y es muy importante, ¿podrías no molestarme con tus nubes de colores?
-Pues ellos se lo pierden_ murmuró para sí y volvió a fijar su mirada en el sol que ya se escondía tras los árboles. Entonces entró a la casa y se sentó a cenar con su familia. Mamá había preparado su plato favorito huevo frito con patatas en gorma de corazón. Cuando terminaron, Ashley se levantó de la mesa, fue a la cocina y volvió con una gran trata de chocolate y galletas, la preferida de su hermanita.
-¡Feliz cumpleaños!-exclamaron todos a coro mientras Sarah soplaba las velas y abría entusiasmada todos sus regalos. Y todo mientras papá grababa todo con su nueva cámara.
Llegó la hora de dormir, Sarah se fue a su cama abrazada a su nueva muñeca, Lora, que tenía un bonito vestido azul oscuros con puntitos de plateada purpurina salpicados por todo el traje. Iba a cerrar los ojos cuando una suaves luz se filtró entre las cortinas de la ventana de su habitación. Sarah se levantó corrió la cortina y..
-¡Halaaaaa!-murmuró maravillada. Se levantó de la cama y corrió al salón donde estaban su hermana y sus padres.
-¡Mami, mami! ¡Gracias por el regalo! son muy bonitas, ¿las has puesto tu todas?- los padres miraban a su hija sin llegar a comprender.-Ashley ven mira,-dijo cogiendo a su hermana de la mano y guiándola hasta la ventana de su habitación.-¿A qué son preciosas? Mamá las colocado toda, bueno, creo que papá la ayudado un poco.
-¡Vaya!-comentó su hermana- si que son bonitas, sí.
-Pero ¿de qué hablas Sara?- preguntaron sus padres entrando en la habitación.
-De las estrellas, de lo bonitas que os han quedado. Me gustan mucho.-Contestó la niña corriendo a dar un abrazo a su padres. Estos sonrieron, cómplices, y decidieron no decir. Sería mejor contárselo en otro momento, Sarah estaba encantada con aquellas estrellas que sus padres "habían pegado" en el cielo. La pequeña contemplaba los astros con fascinación. Realmente eran hermosas. No eran bolas brillantes, ni los reflejos de la cuidad, eran mucho más. Eran pequeñas lucecitas que brillaban como diamantes en el firmamento, formaban grupos. Todas tenían un brillo diferente, todas parecían guardar un secreto o una historia que contar. Algunas incluso atravesaban el cielo a toda velocidad dejando tras si una luminosa estela de polvo plateado.

miércoles, 29 de febrero de 2012

El cuentacuentos

Mientras leeís: ttp://www.youtube.com/watch?v=LveS3tx-6cQ&feature=player_detailpage


La noche cubrío la región con su oscuro manto. Los habitantes de la aldea volvían a sus casas, blandiedno farolillos contra la noche. A las afueras de la aldea estab el bosque, oscuro como la boca de un lobo. Repleto de seres horrbles, monstruosos y despiadados que salía cada noche, o al menos eso contaba la leyenda.

Los aldeanos duermen plácidamente en sus casas y mientras en el bosque  se oye un suave aleteo, una risa conteniada, susurros entre las sombras. Ya era media noche. la luna brillaba alta en lo alto del cielo. la luz se filtraba entre las ramas del bosque produciendo extrañas sombras. Destellos dorados resaltan en la oscuridad. Se dirigen a un diminuto claro. En el medio de este, seal zaba imponente el cuentacuentos, un árbol milenario. Entre sus nudosas raíces habían diminutas lucecitas doradas que brillaban con instensidad.

Sin embargo aquello es algo más que diminutas centellas. Si observan fijamente, se puede llegar a dislumbrar pequeños rostros infantiles, con grandes ojos negros y profundos como pozo, sonrisa traviesas, orejitas puntiagudas y narices respingonas o chatas. de los luninosos cuerpos de aquellos diminutos seres salían una finas alas con intrincadas runas pintadas en ellas. Las hadas luminosas llenaban aquel pequeño claro conviertiendolo el suelo de este en una alfombra dorada.

Todas esperaban pacientemente el momento. De repente el silencio se adueñó del lugar y una suave brisa atrevésó el claro y se filtró entre las hojas y ramas del árbol milenario y una suave y hermosa melodía empezó a sonar. Las hadas movieron nerviosamente las alas, expectantes. La musica continuó, como un susurro. todas escuchaban embelesadas la canción, algunas incluso cerraban sus ojitos para escuchar mejor. El viento les traía una historia, como cada noche, y allí en el claro del árbol milenario se sentaban todas las noches a las doce en punto a escuhar el cuento narrado por el árbol. El viento llega siempre puntual, trayendo historias de cada rincón del mundo. Historias de caballeros en apuro y valientes princesas, relatos de rebeldes soldados que se alzan buscando la libertad, de pintores de cuyos pinceles retartan el alma,... Historias que el vietno trae, el árbol cuenta y que las hadas escuchan.



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