Bienvenidos a este pequeño rincón de imaginación, magia y una pizca de locura. ¿Que quién soy yo? Pues soy una enamorada de la vida y de la lectura con mil sueños y delirios de escritora. ¿Qué vais a encontrar aquí? Pues todo lo que te puedes encontrar, precisamente, entre las páginas de un libro: historias, fotos, dibujos, recuerdos, notas, reflexiones, un poco de poesía, humor y alguna sátira… y, escondida entre las letras, un poco magia.

Así que no os quedéis en la portada, pasad y disfrutad de vuestro viaje por este mundo Entre las páginas de un libro.


martes, 3 de octubre de 2017

Una promesa a medias

- ¡NO! ¡No quiero irme! ¡MAMÁ!- la niña se soltó y corrió hacia su madre, llorando.

- Ya lo hemos hablado, solo será por un tiempo. Luego volveremos a estar juntas.- Contestó la madre tragándose su tristeza y componiendo una quebradiza sonrisa. 

- ¿Y papá también?

La imagen de su marido subiendo al camión junto a otros soldados volvió a su mente.

- Y papá también –aseguró la madre con voz temblorosa. Pero ni siquiera ella creía en sus palabras.- Pero ahora tienes que prometerme que serás valiente.

- Sólo si tú me prometes que volveremos a estar los tres juntos.

La madre se echó a llorar y abrazó a su hija con fuerza.

- Te lo prometo- sollozó, aunque sabía que esa sólo era una promesa a medias.

La madre observó a su hija alejarse hacia la seguridad en aquel tren con el corazón divido por segunda vez. 







lunes, 18 de septiembre de 2017

El cuaderno viajero

(Aclaración por si acaso: un mes después de finalizar este pequeño relato, escribí una versión de este ligeramente diferente que presenté al Certamen de relatos breves de la Facultada de Medicina de la UNEX).

En el hospital se acumulan las horas. Eso lo sabe todo aquel que haya tenido que velar a un familiar o amigo enfermo. Las horas pasan lenta y perezosamente, convirtiéndose en días casi sin darnos cuenta. Pero el tiempo no pasa igual para todos. Hay muchos tipos de espera, la del enfermo que sabe que va a recuperarse, la del que espera poder recuperarse, la del que sabe que sólo queda esperar y la del acompañante que espera a que ocurra una de las 3 anteriores, con una mezcla miedo, esperanza, resignación, impotencia, aceptación a veces, y nerviosismo. Y entre esas 4, hay un sin fin se matices, teñidos con las emociones de aquellos que esperan.

Y eso es lo que hace esa mujer, esperar. Tal vez no la hayas visto cuando pasaste por el pasillo de la planta para visitar a tu amigo o familiar enfermo. Es normal, casi no se la ve, está sentada en una silla junto a la cama, esperando. ¿A qué? No lo sé, simplemente espera. Y mientras, llena su espera con palabras que escribe lenta y deliberadamente en un cuaderno de piel moientras la persona a la que vela duerme. Escribe en su cuaderno, sin emoción reconocible en el rostro, pero en su interior las emociones bullen con intensidad. Alegría, tristeza, nostalgia, esperanza, resignación, aceptación,... Los recuerdos de otros momentos también pasan ante sus ojos colándose entre las emociones.

De vez en cuando y sin variar su aparentemente inexpresión, mira a la persona dormida. A veces incluso le toca brevemente la mano, para al poco tiempo, volver a su espera y a sus palabras. Cada cierto tiempo llega alguien, que aligera la espera y descongela el tiempo por unos momentos, para luego volver a la lentitud inicial una vez que el visitante se ha ido. Entonces la mujer vuelve a su espera. 

Ya son las 8 de la mañana y la mujer lleva toda la noche sentada en la misma silla, esperando. Esperando y escribiendo. Ha costado unos minutos, pero por fin las enfermeras la han convencido. Es hora de volver a casa y dormir en condiciones. Y hasta entonces las enfermeras y médicos se ocuparán de la persona enferma. "Váyase a casa unas horas y descanse. Si hay algún cambio la  llamaremos". Le dice una enfermera, ya veterana. Así que la mujer recoge las pocas cosas que ha traído consigo, su bolso, su botella de agua y su cuaderno, y se marcha. Tal vez si no estuviese estado tan cansada se habría dado cuenta de que justo en el momento en el que ha abierto la puerta para salir del hospital, su precioso cuaderno se ha caído al suelo. Pero ha sido una noche demasiado larga y ya apenas es capaz de mantener los ojos abiertos.

* * *

Unos minutos más tarde, un médico residente de digestivo saliente de guardia, sale del hospital con la cama como destino. Abre la puerta de salida y al momento sus pies se encuentran con un cuaderno de piel. Extrañado, lo recoge y mira a su alrededor, no hay nadie y la recepción aún no ha abierto. Así que se encoge de hombros, se lo mete bajo el brazo y sigue andando. Mañana lo devolverá a Objetos Perdidos, ahora está tan cansado que duda encontrar Objetos Perdidos. 

El joven se mete en el metro y se sienta en uno de los asientos a esperar al tren. "10 minutos para el próximo tren", rezaba el panel informativo. El joven residente suspira con resignación. Entonces el joven fija su atención en el cuaderno que acaba de encontrar. Es un cuaderno simple y a la vez muy bonito, de media cuartilla de tamaño y con las tapas forradas en piel oscura, casi negra. Apenas tiene unas páginas escritas, 10 como mucho. Las esquinas están reforzadas con un metal dorado grabado con delicadas filigranas. El lomo presenta un par de líneas ligeramente hondadas en la piel, de medio centímetro de ancho, una arriba y otra abajo. La tapa de delante tiene como única decoración el contorno dorado de un rectángulo. Por detrás es totalmente liso. 

Lo sostiene entre sus mano, preguntándose de quién será, qué habrá escrito en él. En la tapa no pone nada, ni nombre ni ninguna otra cosa que pudiese aportar ninguna información sobre su contenido. La curiosidad va aumentando. Sus manos titubean, y el joven mira indeciso la tapa, sin saber si abrir o no el cuaderno. No debería... 

lunes, 6 de marzo de 2017

El alpinista


"La belleza es la única parte visible del espíritu."

La joven periodista entró en la habitación acompañada tan solo de su libreta y su teléfono móvil. Dentro estaba la esperaba Daniel Harris, el famoso alpinista.

-          Jenna- saludó el joven.

La periodista estrechó la mano que le tendía con una sonrisa. Acto seguid tomó asiento frente a él, dejó su cuaderno de notas a un lado y encendió la grabadora de su teléfono, como de costumbre. Y tras dejar el móvil sobre les cuaderno, se volvió hacia Daniel.  No era ni la primera, ni la segunda vez que Jenna entrevistaba al alpinista  y eso se veía a primera vista. La entrevista parecía más bien una agradable y amena conversación entre dos amigos, cosa que Daniel agradecía enormemente. En los últimos años había tenido que ofrecer innumerables entrevistas, todas iguales, siempre las mismas preguntas, los mismos comentarios, las mismas respuestas. Por eso era tan agradable ser entrevistado por Jenna. La joven periodista no se preocupaba por tomar notas, ni miraba el guión que sus jefes le habían preparado para la ocasión. La conversación era grabada y más tarde transcrita. Sus artículos siempre eran bien recibidos y siempre objetivos, evitando audazmente opiniones y comentarios subjetivos de los que otros periodistas habrías sacado oro puro.

Las preguntas de la periodista le hicieron recordar sus inicios en el mundo del alpinismo a los 8 años, de la mano de su padre, y al mundo de la fama hacía tan solo 4 años. En ese tiempo había coronado en tiempo récord, un nada desdeñable número de picos. Nombres como el Mont Blanc, el Naranjo de Bulnes, el Kilimanjaro, o el Annapurna, no eran más que una pequeña muestra de su cada vez más grande colección de picos. 

-          Y qué hay de la sensación de coronar un pico ¿Qué sientes al subir una montaña? ¿Qué es lo que más te gusta de subir a un pico?

-          La adrenalina. - Respondió enseguida.- Esa sensación de poder, de que puedes lograrlo todo. Me encanta la satisfacción de superar cada reto que la Naturaleza me plantea, derrotarla en cada enfrentamiento, desvelar sus secretos... Y sobre todo esa sensación de tener el mundo entero a mis pies... Te sientes como el rey del mundo.

-          ¡Guau! Dicho así, dan ganas de ponerse las botas y salir a la aventura- rió Jenna.- Tal vez algún día de estos lo intente.

-          Yo te llevaría, pero ¿serías capaz de aguantar hasta el final? No te veo yo con una mochila a los hombros subiendo y bajando montañas, eeeh. - comentó el alpinista entre risas.

-          Es posible que necesitase una buena temporada de puesta a punto, pero seguro que después de eso no habría cumbre que se me resistiese. Fijo. -Dijo Jenna con cómica convicción. 

Ambos acabaron riéndose de sus propias tonterías. Unos minutos después Jenna tomaba aire para calmarse y siguir con la entrevista. 
-          Entonces para ti, el alpinismo, no es más que una hazaña, un reto físico, ¿no?

-          Sí… A ver, no es lo único que me motiva a subir un pico, el viaje en sí también bien es bonito, conoces gente diferente, sitios... Pero verás, solo tenemos esta vida, vivimos para descubrir los secretos de este mundo, el resto puede esperar.

La conversación continuó con el mismo tono desenfado, hasta que 45 minutos más tarde, Jonh, él amigo y representante de Daniel se asomaba a la habitación para avisar a Jenna de que tan solo le quedaban 5 minutos de entrevista.
   -   Vaya, esta vez sí que se nos ha ido de las manos -comentó con una sonrisa.- Me vas a perdonar pero voy a tener que tirar de guión para terminar, o mi jefe me pondrá de nuevo a escribir columnas. - Daniel asintió con la cabeza, y en un par de segundos la periodista escogió una pregunta de entre las cientos que le habían preparado.
-       -   Ya para terminar,  Daniel, qué harás por tu 25 cumpleaños, ¿cómo vas a celebrarlo esta vez?
El joven alpinista esbozó una sonrisa gatuna.

-       -   Por todo lo alto... en el Everest.