Bienvenidos a este pequeño rincón de imaginación, magia y una pizca de locura. ¿Que quién soy yo? Pues soy una enamorada de la vida y de la lectura con mil sueños y delirios de escritora. ¿Qué vais a encontrar aquí? Pues todo lo que te puedes encontrar, precisamente, entre las páginas de un libro: historias, fotos, dibujos, recuerdos, notas, reflexiones, un poco de poesía, humor y alguna sátira… y, escondida entre las letras, un poco magia.

Así que no os quedéis en la portada, pasad y disfrutad de vuestro viaje por este mundo Entre las páginas de un libro.


sábado, 17 de diciembre de 2011

Caída (II) "¡Quiero despertar!"

A continuación, todo sucedió a gran velocidad, pero no tan rápido como los compañeros de  Alexandra hubiesen querido.


Medio circo estaba en la sala de espera del hospital. Entre ellos estaba Kai, ya no sonreía, su sonrisa había sido borrada de su rostro.
Cuando apareció el médico todos alzaron la cabeza hacia él, expectantes, algunos incluso se levantaron. Todos estaban impacientes por saber el diagnóstico de su compañera.
-La Srta. Doyle está muy débil. Ha perdido mucha sangre. Y... ha entrado en coma.
Anunció el médico con tristeza. Aquella noticia fue para todos como un jarro de agua fría.


El espectáculo se canceló, podían haberlo hecho igualmente, tenían una sustituta para Alexandra, pero ninguno se sentía con ánimos de hacer nada estando su amiga como estaba.
 Se turnaban para poder estar con ella todo el tiempo posible. La habitación en la que estaba Alexandra, se había llenado de las cosas más representativas del circo, sus zapatillas, algunos de los trajes que utilizaban los trapecistas, aquella manta en la que todos se sentaban cada tarde al finalizar cada ensayo,...


Nada de esto habría ocurrido si cualquiera de los pequeños incidentes que provocó el accidente de la joven trapecista, se hubiese evitado. Si la hermana de Ramón no hubiese tenido el accidente, si este hubiese tenido más tiempo para poner todo en orden; si Mary se hubiese acostado antes, si se hubiese acordado de poner el cartel de advertencia; si Lucía no hubiese cogido ese "atajo", si no se hubiese resbalado, si su hermana no le hubiese echado crema en la herida, si no hubiese llegado tarde; si Alexandra hubiese esperado a la segunda vez para saltar, si Kai la hubiese detenido, nada de esto hubiese pasado.
Nadie tuvo la culpa, pero todos fueron testigos del accidente.


A la velocidad de la vida no nos damos cuenta de las consecuencias de nuestros pequeños actos hasta que es demasiado tarde, hasta que chocamos.




Pasaron los días, las semanas, los meses, y Alexandra no despertaba. Muchos ya habían perdido la esperanza, pero  a pesar de todo la seguían visitando. Sin embargo Kai todavía conservaba la esperanza de volver a verla "volar". El médico decía que sus heridas se habían curado bien, pero era como si no tuviese fuerzas suficientes para despertar. Un día la pequeña Lucía fue a ver a Alexandra con Alae. Encontraron como de costumbre a Kai sentado al lado de su cama, velando el profundo sueño de su amiga. Alzó la mirada al oírlas llegar.
-¿Alguna novedad?-preguntó Alae. Kai negó con la cabeza. Mientras Lucía se había acercado a la cama y había puesto su manita sobre los pies de Alexandra. De repente Lucía lanzó una exclamación ahogada.
-¡Me ha asustado!-dijo ante la mirada seria de su hermana.
-¿Cómo que te ha asustado? ¿Quién?- preguntó el muchacho con urgencia.
-Ella-contestó la niña señalando a Alexandra- ha movido los pies. Es como si quisiera despertar. Como yo, cuando Alae me llama por las mañanas, yo me quiero levantar pero no tengo fuerzas...- Lucía se calló al ver que ya no la prestaban tanta atención, sino que miraban a Alexandra con ansiedad.






                                                     ***


Todo estaba oscuro, no había nadie, estaba sola. Entonces, empezó a recordar. las imágenes se sucedieron en su mente como en una pelicula antigua. Ella saltando hacia el trapecio, ella cayendo, sus compañeros gritando su nombre,... todo. Pero ¿dónde estaba ahora? ¿Se había quedado dormida? Tenía que despertar y decirles a todos que estaba bien, que no se preocuparan. Que se preparan para el espectáculo. Que enseguida estaría con ellos bailando por los aires. Buscó sus piernas sus manos, su boca, sus ojos, pero no los encontró. ¿Dónde estaba su cuerpo? ¿Por qué no le respondía? Tenía que despertarse, se repitió, tenía darle a todos las gracias, pedirle perdón a Kai. Quería despertar. Buscó con desesperación sus brazos, sus manos, sus piernas, luchó contra el pesado manto oscuro que la mantenía inmóvil. "¡Quiero despertar!" gritaba para sí, a la vez que se debatía contra el sueño, a la vez que se revelaba contra volver a caer el la inconsciencia. Encontró sus manos y su pies. Mandó órdenes para que se movieran.


                                                    ***


-Mira, se está moviendo.-murmuró Alae. Kai le cogió la mano a Alexandra. Al momento ella apretó su mano. Sus parpados se contrajeron con fuerza. Entonces, Alexandra abrió los ojos de golpe, de par en par. La luz de la habitación la cegó. Una vez que sus ojos se hubieron acostumbrado a la abundante luz de la estancia, reconoció a la pequeña Lucía, a Alae y por último a su compañero Kai, que le brindaba la mejor de sus sonrisas.
-Bienvenida al mundo de los vivos-dijo él.
Y los labios resecos de su amiga se curvaron en una sonrisa.

1 comentario:

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