Bienvenidos a este pequeño rincón de imaginación, (un poquito de) locura y magia. ¿Que quién soy yo? Pues soy una enamorada de la vida y de los libros con mil sueños y delirios de escritora. ¿Qué vais a encontrar aquí? Pues todo lo que te puedes encontrar, precisamente, entre las páginas de un libro: fotos, anotaciones, recuerdos, notas, reflexiones, un poco de poesía, humor y alguna sátira, historias,… y un poco magia.

Ahora sí, disfrutad de vuestro viaje por este mundo Entre las páginas de un libro.

martes, 6 de marzo de 2012

¿Qué son las estrellas?

¿Qué son las estrellas?, se preguntaba la pequeña Sarah ¿Cómo era posible que en pleno 2090 nadie supiese nada de ellas? ¿Por qué nadie sabía contestar a una pregunta tan sencilla? Todos le contestaban cosas diferente y sin sentido alguno.
-Las estrellas,... son objetos astronómicos que... brillan con luz propia y que están muy, muy lejos de la Tierra.-Había explicado George, su profesor.
-Son bolas brillantes que llenaban el cielo cada noche, pero hace varios años que nadie ve una, algunos dicen que ni existen.- Le había dicho su vecino.
-¿Las estrellas?... ¡Aaaah!... Ya me acuerdo. Hace unos años vi alguna cuando fui al campo de mi abuela. Son luciérnagas que se quedaron pegadas hace tiempo en el cielo pero como eso pasó hace mucho tiempo se han ido cayendo y por eso ahora ya no hay ninguna.-Le explicó un compañero de clase.
-Pues,...serán el reflejo de las luces de la ciudad- le había contestado su hermana mayor, sin mucha convicción.
-No, me llamo Isabelle, no Estella-dijo una compañera de clase, que había escuchado mal la pregunta y había entendido que su amiga le había preguntado si se llamaba Estrella.

No, nadie sabía responder a su pregunta. Había llegado ala conclusión de que si quería averiguar que era una estrella tendría que averiguarlo ella misma. Así que cuando llegó a su casa cogió su mochila rosa y metió un par de guantes, una bufanda y su muñeca favorita. Se puso su chubasquero amarillo de patitos, su botas de agua y se plantó en la cocina con expresión resuelta y decidida.
-Mamá- dijo con su aguda vocecita- mamá, me voy a buscar estrellas.
-Vale cariño, pero no tardes que enseguida comemos.-Dijo de forma distraída y sin mirarla..
 Y Sarah se dirigió a la entrada. Estaba delante de la puerta de la calle, cogió aire, se puso de puntillas agarró el pomo y...
-¡Pero qué haces!-chilló su madre detrás de ella, apartándola de la puerta.-¿Se puede saber qué pretendías hacer?
-Ya te lo he dicho mamá, ir a buscar estrellas. Y me has dicho que no tardese mucho porque teníamos que comer así que...
-¡Pero qué estás diciendo! ¡Buscar estrellas! ¡Si ni siquiera sabes lo que son!
-Por eso me iba a a buscarlas, para ver qué son.-Explicó la niña con inocencia. La madre inspiró una, dos veces.
-Vete a tu cuarto y que sea la última vez que hace esto. Vamos hombre, ¡Una cría de cuatro años!Buscando estrellas ¡por Manhattan!, lo que me quedaba por ver.
Sarah meneó la cabeza con desaprobación, "Mayores"- se dijo. No les entendía nunca,  había pedido permiso para ir a buscar estrellas, y su madre había dicho claramente "vale" ¿por qué entonces se enfadaba tanto?

Pasaron las semanas y los meses, y por fin llegó el verano. El calor era insoportable en la gran cuidad.
Más de una vez, Sarah se había preguntado por qué narices nadie quitaba la calefacción de la cuidad si el invierno ya había pasado. No entendía por qué en invierno, que hace frío, ponen el aire acondicionado y en verano cuando hace calor conectan en la cuida la calefacción.
La familia de Sarah tenía pensado pasar el mes de agosto en Vancuver. En una casa rural a las afueras de la cuidad, muy, muy lejos de la urbe y celebrar allí el cumpleaños de la pequeña Sarah. Lo cual para la hermana mayor de Sarah, Ashley, era un fastidio, pero el resto de la familia era el plan perfecto para las vacaciones.

Llegaron a la casa que habían alquilado, el día de su cumpleaños justo a tiempo para el atardecer. ¡Qué luz tan bonita!  ¡Qué colores tan bonitos tenía el cielo!
-Mamá, mira-  la llamó Sarah- ¡las nubes son naranjas!
-Ahora no puedo estoy preparando tu sorpresa. Te va a encantar.
-Ashley ven, te va a encantar, es mejor que los dibujos de la tele.- volvió a llamar la niña.
-Sarah déjame, estoy hablando por teléfono y es muy importante, ¿podrías no molestarme con tus nubes de colores?
-Pues ellos se lo pierden_ murmuró para sí y volvió a fijar su mirada en el sol que ya se escondía tras los árboles. Entonces entró a la casa y se sentó a cenar con su familia. Mamá había preparado su plato favorito huevo frito con patatas en gorma de corazón. Cuando terminaron, Ashley se levantó de la mesa, fue a la cocina y volvió con una gran trata de chocolate y galletas, la preferida de su hermanita.
-¡Feliz cumpleaños!-exclamaron todos a coro mientras Sarah soplaba las velas y abría entusiasmada todos sus regalos. Y todo mientras papá grababa todo con su nueva cámara.
Llegó la hora de dormir, Sarah se fue a su cama abrazada a su nueva muñeca, Lora, que tenía un bonito vestido azul oscuros con puntitos de plateada purpurina salpicados por todo el traje. Iba a cerrar los ojos cuando una suaves luz se filtró entre las cortinas de la ventana de su habitación. Sarah se levantó corrió la cortina y..
-¡Halaaaaa!-murmuró maravillada. Se levantó de la cama y corrió al salón donde estaban su hermana y sus padres.
-¡Mami, mami! ¡Gracias por el regalo! son muy bonitas, ¿las has puesto tu todas?- los padres miraban a su hija sin llegar a comprender.-Ashley ven mira,-dijo cogiendo a su hermana de la mano y guiándola hasta la ventana de su habitación.-¿A qué son preciosas? Mamá las colocado toda, bueno, creo que papá la ayudado un poco.
-¡Vaya!-comentó su hermana- si que son bonitas, sí.
-Pero ¿de qué hablas Sara?- preguntaron sus padres entrando en la habitación.
-De las estrellas, de lo bonitas que os han quedado. Me gustan mucho.-Contestó la niña corriendo a dar un abrazo a su padres. Estos sonrieron, cómplices, y decidieron no decir. Sería mejor contárselo en otro momento, Sarah estaba encantada con aquellas estrellas que sus padres "habían pegado" en el cielo. La pequeña contemplaba los astros con fascinación. Realmente eran hermosas. No eran bolas brillantes, ni los reflejos de la cuidad, eran mucho más. Eran pequeñas lucecitas que brillaban como diamantes en el firmamento, formaban grupos. Todas tenían un brillo diferente, todas parecían guardar un secreto o una historia que contar. Algunas incluso atravesaban el cielo a toda velocidad dejando tras si una luminosa estela de polvo plateado.

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