Bienvenidos a este pequeño rincón de imaginación, (un poquito de) locura y magia. ¿Que quién soy yo? Pues soy una enamorada de la vida y de los libros con mil sueños y delirios de escritora. ¿Qué vais a encontrar aquí? Pues todo lo que te puedes encontrar, precisamente, entre las páginas de un libro: fotos, anotaciones, recuerdos, notas, reflexiones, un poco de poesía, humor y alguna sátira, historias,… y un poco magia.

Ahora sí, disfrutad de vuestro viaje por este mundo Entre las páginas de un libro.

domingo, 5 de febrero de 2017

Mi casa


Me llamo Nadia, tengo 9 años y vivo en una casa enorme y preciosa. Pero no vivo sola, toda mi familia vive conmigo. En los últimos años mi familia ha crecido mucho, y estamos empezando a tener problemas de espacio, pero parece que de momento hay sitio para todos.

Como he dicho mi casa es muy grandes, tiene muchas habitaciones, que al igual que los que las viven en ellas, cada una es única e irrepetible. Todos somos muy diferentes, tenemos diferentes gustos, creencias, costumbres y hasta diferente color de piel. A simple vista nadie creería que somos familia, pero lo somos.

A pesar de nuestras diferencias, parece que, al menos algunos de nosotros, hemos aprendido a convivir en relativa paz y armonía. Aunque es cierto que a los mayores les ha costado bastante llegar a este punto, no podemos ocultar que en casa ha habido grandes peleas. Y desgraciadamente,
a pesar del cariño y el amor que nos profesamos la mayoría, las sigue habiendo. Las razones de las continuas discusiones de los adultos son muy diversas y sinceramente, la mayoría se me antojan absurdas y sin sentido, la solución siempre me parece obvia, pero ellos no la ven. Y lo peor de todo es que esas discusiones nunca traen más que la destrucción de nuestro hogar y el sufrimientos de todos los que aquí vivimos. No son pocas las habitaciones que han acabado completamente rotas, y que han dejado de ser bonitas. Los muebles están rotos y las astillas esparcidas por el suelo, las paredes han perdido sus preciosos dibujos, y todo está cubierto de polvo. Mamá dice que como los primos ya no pueden vivir allí que el resto debemos hacerles hueco en nuestras habitaciones. Sin embargo creo que a muchos no les debe hacer gracia compartir su habitación porque siempre veo a alguno de mis primos durmiendo en el pasillo y no es un sitio precisamente cómodo, así que dudo que estén ahí por elección propia.
Sin embargo, aún tengo la esperanza de que todo eso cambie algún día. Tal vez algún día los mayores dejen de pelear y piensen más allá de sus propios intereses.

Y luego está nuestro jardín. Deberíais verlo,  ¡es precioso!. Está llenos de árboles de todas las clases, de hierba suave, y de flores de todos los colores. ¡Y hasta tenemos un pequeño riachuelo que lo atraviesa! A mis hermanos y a mi nos encanta salir por la tarde a jugar al jardín. Sin embargo desde hace un tiempo notamos que nuestro jardín está cambiando. Tal vez sea impresión mía, pero cada vez siento que es más pequeño, y cada vez que cuento, hay menos árboles. Papá dice que  necesitamos coger cosas del jardín para poder seguir viviendo como nos gusta. Pero a ningún adulto parece preocuparle el hecho de que cada vez el jardín sea cada vez más pequeño, que cada vez haya menos pajaritos cantando por la mañana o que el agua del riachuelo ya no sea transparente como antes. Y me da pena. Y por mucho que se lo repetimos a los mayores, no nos hacen caso. Siempre están ocupados con cosas más importantes, pero nunca nos han dicho qué cosas son esas. Sea lo que sea debe ser importante, ya que a veces hasta se les olvida hacer comida suficiente para todos y pasamos hambre.

Creo que nunca entenderé a los adultos, siempre andan liados y nunca tiene tiempo para casi nada. Pero nosotros, los pequeños, debemos ser indulgentes con ellos, la mayoría ya han perdido esa "chispa" que hace que la vida sea más fácil y alegre. Sin darse cuenta, ellos mismos se han metido en un mundo abstracto lleno de complicaciones (que ellos mismos han creados) y frases de doble sentido que ni ellos entienden. Y así, mientras ellos intentan aclararse y continúan con  su ocupaciones, nosotros tenemos que soportar muchas de las consecuencias. Pero os contaré un secreto: ya que los mayores apenas nos hacen caso, hemos decidido que, por mucho que les queramos, no queremos ser como los mayores, por eso mientras ellos se obcecan en tropezar una y otra vez con la misma piedra nosotros observamos en silencio, aprendiendo de sus errores, y siendo justos, también de sus aciertos, que no son pocos. Tenemos la esperanza de que así cuando nos llegue el turno de ser los mayores, podamos arreglar nuestra casa y convertirla en un lugar mejor para todos. Solo nos queda esperar que para entonces haya una casa que arreglar.

Me llamo Nadia, y mi casa es la Tierra.




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